Entrada #3: Tu propio closet

Srta Shar - Entrada 3

Mi closet no es el tuyo, ni el de nadie más.

A diferencia de lo que se piensa, el closet no es uno sólo, cada un@ tiene su propia versión ajustada a sus miedos, preocupaciones, problemas y vida propia.

El mío está lleno de hermosos vestidos y faldas cortas, de lencería muy sexy, zapatos de tacón, secretos, amigas, uno que otro admirador y experiencias inolvidables. Hace algún tiempo, me di cuenta que si mi armario no se parecía al de nadie más, ¿Porque mi salida de él debía ser como la de los demás? Si yo quiero asomar mi maquillado rostro o mi entaconado pie fuera de este, debía ser bajo mis propios términos, con mis condiciones y a mi ritmo, si quiero volver corriendo a él puedo hacerlo, pero si quiero dar una vuelta por los alrededores es cosa mía y de nadie más.

En mi caso particular comencé por hacer una lista de quienes sabían ya de mi lado femenino y estaban bien con eso. Mi esposa, por supuesto, mi cuñada que se enteró por mi esposa (como dicen, sin querer) y que se ha convertido en una hermana menor para mí; mis amigas de internet y casi nadie más. Luego era cuestión de pensar quienes podrían tomarlo mejor, quienes lo aceptarían y con quienes peligraría mi amistad.

Caso seguido mis amigas más cercanas – mujeres cisgenero, biológicas, próximas a mi lado masculino – fueron el primer target, una a una fui ganando un grupo de confidentes, consejeras, protectoras y maravillosas mujeres de mi lado, que me han tomado como una más de ellas, que aman a mi yo varón, pero también a mi yo mujer, nena, femenina, que me hablan de ella, en femenino, me llaman “bella”, “muñeca”, “princesa”, que me piden consejos de moda o relaciones, en fin, que ahora damas y caballeros de todos los sexos, ¡Tengo amigas de verdad!

A ellas se les sumo algún amigo gay, mi primo y mi prima favoritos, algunos amigos varones nuevos y viejos, y hace algun tiempo me vi forzado a contarle a mi madre, con todo el miedo y la aprehensión que esto entraña; pues me alegra decir que salió mejor de lo que esperaba y es una experiencia que contaré con todos los detalles en una entrega posterior, de la misma manera que contaré mi primera salida en público, vestida y de la mano de mi esposa y una de estas amigas, que tengo la enorme fortuna de contar en mi bando.

Por eso digo, el closet es tuyo, y como salir de él tu prerrogativa.

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Entrada #2: En cuestiones de amor

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(Fotografía: Jisell Higuera)

 

En cuestiones de amor nada está escrito, ni a quien amas ni como amarás.

Estoy casada con la más maravillosa mujer que no sólo acepta, sino que aprueba, comparte y disfruta conmigo mi lado femenino, somos esposas, novias, amantes, mejores amigas, compañeras de compras, confidentes, asesoras de moda y belleza, compañeras de aventuras y todo cuanto se pueda ser con el amor de tu vida. Soy de las más afortunadas.

Pero como de todo hay en esta cajita llamada vida, no todas gustamos de lo mismo y no todas conseguimos lo que deseamos. Entre mis amigas travestis, puedo contar heterosexuales, bisexuales, gays, heteroflexibles, queers, sissies, ambigüas, confundidas y curiosas. Por mi parte me considero bi, pero enamorada y entregada. Algunas tienen la misma suerte que yo, casadas y apoyadas; otras aún buscan el amor de su vida, una persona que les permita ser quienes son las ame y las apoye sin condición, hay otras que deben ocultarle a sus parejas su alma femenina, hay incluso quienes van por la vida probando los ricos placeres que esta tiene para ofrecer, siempre con respeto y cuidado de no dañarse ni dañar a l@s demás.

Antes mencioné que soy de las afortunadas, pues me corrijo, debo ser la más afortunada, mi mujer no sólo me protege, me acepta y me cuida, sino que adora mi femineidad. Ella es una mujer muy femenina, pero aún así, dice que la niña de la casa soy yo, que ella no podría disfrutar tres horas siendo maquillada o mis extensas sesiones de depilación (que ella misma me ayuda a hacerme), en la casa si ves una falda o la ves a ella con una puesta, lo más probable es que sea mía, yo se la presté, nuestros maquillajes compiten por el espacio en la peinadora, le encanta usar mis perfumes para salir y no es extraño escucharla exclamar “¡Eso te lo pondrás tu, es muy “mariquita” para mí!”.

La cosa es que el amor no viene con manual de instrucciones, se toca de oído. No sabes de quien te enamorarás, si esa persona te corresponderá, si habrá química o si la física de la relación llegará a ser placentera. No sólo es el punto de quien usa las faldas o si me pediste mi nuevo vestido sin permiso, no es ser travesti, hetero, gay, bi o lo que el cuerpo te pida, no; se trata de amarse, de entenderse y de crear una mecánica única e intransferible que sólo funciona para con quien estás, que no puede ser copiada, prestada o aconsejada a nadie más.

Si encontraste a quien amar, amale con todas tus fuerzas, entiende que no son iguales, no le pidas ser como tú, disfruta de sus diferencias, amale como se de eso dependiera tu vida como la conoces – porque así es -, nunca juzgues sin tener toda la información, y no te molestes si se estreno ese vestido que guardabas para una ocasión especial.

Las cuestiones del amor, sólo las sabe quien las vive.

Entrada #1 – Soy invisible

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Soy la T invisible y silente del LGBT, soy travesti de closet.

De diario tengo aspecto, actitud y vida de varón, pero en casa y cuando me provoca soy una princesa. Amo mi dualidad, me encantan las dos caras de mi moneda, de hecho darme la libertad de ser mujer, me ha ayudado a ser mejor hombre, me ha enseñado cosas que de otra manera no hubiese podido aprender.

La cosa es que en lo que respecta al mundo real y al mundo del ambiente LGBT no existo, las travestis gay, las mujeres trans, los gay, mujeres lesbianas y heterosexuales, no saben y no pueden creer que existamos; vivimos en un closet eterno que nos tiene tan escondidas no solo de nuestras familias, amigos y trabajos, sino de la misma comunidad a la que pertenecemos.

Es muy difícil ir por allí explicándole a todo el mundo quien eres, como es que si te vistes de mujer (te “montas” entre l@s entendid@s) no seas gay, que no te gusten los hombres, que no tomes hormonas o no quieras hacerte los pechos. La diferencia entre sexo, género e inclinación sexual no están claras para todos y eso para mí y las chicas como yo, es un problema.

Gracias al nunca bien ponderado facebook, he conocido cientos de chicas en mi misma situación, casadas o solteras, cuyas esposas saben o no, con trabajos que van desde policía, gerente de banco, diseñadores gráficos, comerciantes, abogados, ingenieros y pare usted de contar; todas ellas, al llegar a casa, en sus ratos libres o a escondidas, dejan salir su femineidad, se dejan ver por el espejo, se ponen la más bella ropa intima, se maquillan con esmero, coquetean sus tacones y faldas al silencio, viven su vida virtual a través de las redes sociales y las más atrevidas, se toman fotos o se dejan ver por webcam.

El punto es que existimos, pero tenemos dificultades que poc@s enfrentan. No es salir del closet, es salir del closet en vestido y maquilladas, pero luego volver a ser el hijo, padre, hermano, compañero de trabajo o amigo; nuestras dos caras no están reñidas, no se pelean, no se odian, se complementan.

Tú no sabes quién se sienta a tu lado en el metro o en la consulta del doctor, quien es tu mecánico, mesonero o el mismo doctor, que cuando llega a su casa se deja ser esa diva que guarda, se da permiso de ser coqueta, femenina, delicada y vanidosa; ese otro lado que muy pocos hombres tocan, pero que hace toda la diferencia.

Quizás somos invisibles, pero como nos gusta existir.