Entrada #6: Mi primera salida (Parte 2) – Mágica noche

Srta Shar - Entrada 6

La realidad supera a mi imaginación.

Esta nota describe todo lo que pasó durante mi primera salida al mundo como Sharom, técnicamente la primera vez que salí fue en Margarita, acompañada de mi esposa y de una de mis mejores amigas a dar vuelta por la isla en su carro, bajarnos en un lugar desierto y tomar fotos; pero esta vez, dimos no uno, sino cientos de pasos hacia adelante en esa dirección.

Está demás decir que estuve siempre acompañada de la más maravillosa mujer, amante amiga y esposa que una chica travesti pueda soñar mi divina Gaby, mi esposa, así como otra de esas maravillosas mejores amigas que nos hacen sentir que todo se puede, mi amiga, hermana, consejera y guía espiritual, mi Adorada Zuli, quien, embarazada y todo se anotó en esta aventura. No puedo dejar atrás la mano de artista, el corazón de oro y la sonrisa tranquilizadora del mejor estilista, amigo y persona que conozco mi adorado Carlos, sin el cual, todo esto no habría salido ni una cuarta parte de lo bien que salió. Además claro del apoyo, consejo, ánimo y cariño de tod@s mis amig@s que me dijeron “si se puede”.

Primera parada, un hotel económico donde maquillarme y vestirme, la paciencia de Carlos, el apoyo de Zuli y la entrega de Gaby, me fueron llevando hasta el punto donde cumplir mi meta era más que posible, toda una realidad. Maquillaje, ropa, accesorios, zapatos, perfume (Nina Ricci, jijijiji), hasta escarcha (purpurina, glitter), todos los detalles; amé mi vestido, mis uñas y todo lo que el espejo me devolvía, me amé y estaba lista para mostrarme al mundo y para las primeras fotografías. Pero justo al salir, una de esas cosas que pasan, la suela de mis sandalias se despegó, ¡Pero nada que la pega loca de último momento no pueda arreglar!

Salí de la habitación de hotel “montadisima”, caminé por el pasillo y me subí al carro (otra primera vez, manejar por toda la ciudad en tacones, mini vestido rojo y maquillaje full), dejar a mi queridísimo “estilista personal” en casa luego de haber hecho un trabajo brillante en mi, y seguir rumbo al sitio de la aventura, la misma disco de mi visita anterior, un oasis de color arcoíris llamado Picasso Out Closet (un nombre mejor, imposible). Quienes allí trabajan me trataron de maravilla y con mucho respeto, pero obviamente hay sus momentos divertidos; cuando me pidieron la cedula, la mirada y la sonrisa que me dio el guapísimo chico de la puerta fue invalorable, gracias por hacer de esa noche más fácil de disfrutar.

Al entrar los nervios estaban a tope, sentía que todo el mundo me miraba, algunos para bien otros para mal, igual seguí los consejos de mis amigas del facebook, levanté la frente, caminé como si el sitio me perteneciera y seguí adelante, ya había cumplido mi promesa: “la próxima vez que vaya a esa disco será vestida de mujer”.

De nuevo la gente que trabaja en la disco se comportó súper bien, el bar tender, me sirvió mi cuba libre con una sonrisa que me dio ánimos, y procedimos a posar para las primeras fotos en el lugar, decidimos salir a explorar, a la zona de la terraza frente al lago, allí el flash de las fotos nunca cesó, había que dejar constancia de todo aquello.

Luego, volvimos adentro y buscamos un lugar en una esquina, cómodo, y donde podíamos sentarnos de así quererlo, ya no habían nervios, sólo ganas de disfrutar, toda la tensión se había esfumado, la música sonaba espectacular y me levanté a bailar, yo solita, Rihanna, Adele, y otras divas eran mi compañía, luego mi bella Gaby se levantó a bailar conmigo, miles de fotos, la sandalia amenazaba con seguir molestando pero no me importó para nada; luego el grupo de al lado conformado por 4 o 5 chicos y una pareja de chicas, nos empezamos a sonreír, compartíamos el espacio y la noche, los dos grupos se fueron volviendo uno, sin hablar, bailábamos cada quien en su mundo pero compartiendo el espacio.

En algún momento me senté y una de las chicas ¡Me sacó a bailar! No lo podía creer la primera vez que alguien me sacaba como chica a la pista, accedí encantada y bailamos muchísimo, me pidió que me acercara y me dijo al oído para que pudiera escucharla: “¡Estas divina!” Si faltaba algo para completar la noche, eso fue, me sentía estupenda.

Mas baile, mas cubas libres, muchas más fotos, me sentía tan bien que cuando llegó la hora de irse (temprano por que al otro día había que trabajar y la bebé de Zuli le pedía a su mami descanso), no me importó, si bien no quería irme, era lo mejor, la sandalia había vuelto a hacer de las suyas, el calor era demasiado, pero la vibra era lo máximo.
Salir divina, despedirme del otro grupo con besos en la mejilla, chistes y abrazos, sentirme, aceptada, viva, real, femenina, bella, YO, no tiene precio.

La imaginación es hermosa hasta que la realidad la vuelve sublime.

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