Entrada #16: Divas “hágalo usted misma”

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Nadie nos enseñó, somos divas hechas por nosotras mismas.

A la edad que muchas niñas comienzan a aprender sobre ropa, maquillaje, andar en tacones y cómo comportarse, nosotras dábamos también, nuestros primeros pasos en femineidad, a solas…

Con el tiempo hemos aprendido a ser y a hacer, nos las vimos cuesta arriba con eso de aprender los más finos detalles de lo femenino y por pura observación y ensayo/error nos educamos en nuestra pasión. Caminar en tacones, maquillarse, combinar un atuendo o como carambas abrocharse el brassier por detrás, fueron tareas que tuvimos que intentar una y otra vez antes de hacerlo pasablemente bien.

Si eres como yo, de las chicas pre-internet, de antes de los tutoriales de youtube y previas a las webcam, la falta de información era insoportable, no podías simplemente llegarte a alguien conocido y preguntarle “¿Cómo hago para que la línea del creyón de ojos me quede derecha?” o “¿Esta falda se ve bien con esta blusa?”.

Pero amigas hermosas, nos crecimos ante la adversidad, nos destacamos en la soledad de nuestra habitación, nos hicimos más bellas y más femeninas por merito propio, iniciamos el proceso de conocer amigas y a enterarnos que no estábamos solas en este mundo de luces y sombras, comenzamos a compartir consejos y experiencias, empezamos a tomar tímidas fotos para que las demás nos dieran su opinión, poco a poco nos creamos a nosotras mismas bajo nuestras propias reglas, nuestras propias fantasías, nuestras propias ideas de cómo debe ser lo femenino.

Con la tecnología y la tolerancia, llegaron, llegan y llegarán nuevas posibilidades, mayor aceptación de nosotras mismas y de otr@s a nuestro alrededor, podemos compartir curiosidades, miedos y esperanzas, hay libros, vídeos, foros y páginas dedicadas a nosotras en internet, donde podemos aprender y guiar nuestros esfuerzos de experimentación, no estamos solas, nunca lo estuvimos, es sólo que ahora es más fácil darse cuenta.

Podemos ahora ayudar a nuestras hermanas menores -en edad o experiencia- mientras seguimos aprendiendo. Cuando en la tienda hago alguna asesoría online, me encanta invitar a las chicas a usar lo que les decimos como punto de partida para su propia experimentación, como el primer escalón de una escalera que se sube sola, pero apoyada, cuidada, protegida y educada, por las experiencias de todas, por las catástrofes y los éxitos de cada una, para llegar donde deseemos llegar.

Ese es el punto de ser una chica a la medida, una diva hecha por nosotras mismas.

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Entrada #15: Me he llamado Lujuria

Srta Shar - Entrada 15

Aunque ese no es mi nombre, me he llamado Lujuria más de una vez.

Me encanta provocar pasiones, me encanta apasionarme, me encanta que la pasión me consuma. El deseo visceral por algo o alguien es una de las razones por las que vivo, el gusto orgánico por placeres de cualquier tipo, por la comida, el sexo, la música, las artes, la gente, la compañía, la vida; son motivos más que suficientes para vivir una existencia que valga la pena.

Esta pasión por la vida y por cada cosa que la vida trae, nos recuerda que no sólo somos pasajeros, somos protagonistas y que cada cosa que somos es especial. En nuestro caso señoritas, que si nos gana lo femenino, que si preferimos que nos traten de “ella”, que si dormimos mejor en babydoll o si algunos días de la semana no queremos ver a nadie porque tenemos cosas más “importantes” qué hacer con nosotras mismas, pues que son esas cosas, las que con más pasión deberíamos vivir.

Ya a solas, con ese alguien especial que nos disfruta como somos, o con nosotras mismas como amantes, nuestro placer y desenfreno nos pertenece a nosotras y a con quien nosotras queramos compartir. Sentir que nos quitan la ropa, o casi toda, pues yo por mi parte me apego al dicho travesti que una vez escuche, “una travesti de verdad, nunca está completamente desnuda”, así que al menos mis tacones y brillo de labios llevo, y normalmente hasta más. Sentir que nos acarician y nos llaman por nuestros nombres femeninos –aunque sean nuestras propias manos que nos toquen y nuestras propias voces que nos llamen-,  saber cómo nos llena el orgasmo y como nos sobrecoge el deseo, morir un poquito para luego revivir en esa brumosa sensación de pechos agitados y labios y ojos entreabiertos, si esos no son síntomas de lujuria, entonces no se que son.

Dar vueltas en el lecho, o el baño, o la alfombra, o el sofá, o donde nos agarre el placer; pasarse horas vistiéndose para perder las ropas en una apuesta que no queremos ganar, emocionarse sabiendo lo que vendrá, pero saboreando los momentos antes que llegue, ese es el combustible de mis fantasías, de mis momentos a solas, de mi carne y mi espíritu.

La lujuria no es sólo sexo, pero es tratar como si fuera sexo a todo lo demás. Es sentir pasión y deseo por cada cosa que haces y cada emoción que te llena, es entregarse con los ojos bien abiertos a sentir.

Por eso, me he llamado Lujuria más de una vez, y firmo ese nombre como si fuera mío.

Entrada #14: Pequeños placeres

Srta Shar 14

Disfrutar de las pequeñas cosas es lo que hace maravilloso el día a día.

La sensación cremosa de labial sobre tus labios cubriéndolos de tu color favorito, la tirantez de los tacones que tensan tus piernas y cambian tu postura, lo divino de cruzar las piernas cubiertas por medias, el sedoso cabello largo sobre los hombros, el cascabeleo de los zarcillos, pulseras y collares; pequeños detalles, pequeñas victorias y fugaces momentos que valen oro para una travesti, para todas las travestis, especialmente las de closet que le robamos minutos al reloj para disfrutar nuestra femineidad.

Nuestros rituales son mágicos y nuestras aventuras tan peligrosas y excitantes como saltar al vacío, nuestras escapadas tan atrevidas como las del ladrón que rompe leyes, y somos adictas a esta femineidad que nos consume.

Salir y tan sólo mirar vidrieras es una emoción indescriptible, fijarnos en la ropa que usan las mujeres a nuestro alrededor un placer inconfesable, entrar en territorios prohibidos, como una tienda de ropa íntima o dejarnos llevar por nuestros pasos a la sección de damas de un almacén sólo para estar rodeadas de aquellos hermosos vestidos y faldas, es como traspasar líneas enemigas queriendo desertar a una nueva patria. La emoción de ser travestis, crossdressers, feminofilas, como nos quieran llamar, es nuestra droga y nuestro deporte extremo.

Todas queremos tener el chance de reunirnos con otras chicas como nosotras, y admiramos a aquellas que lo han logrado. Las que damos esos pasos, queremos más, porque la femineidad es un animal hambriento, una hembra feroz que mientras más le das más desea, y para nosotras es un placer ceder a sus deseos.

El olor del delicado perfume en nuestra nuca y muñecas, las horas de máxima concentración aplicando el maquillaje, cuidando cada detalle para sentirnos bellas, deseables, sensuales. El roce de la suave tela del vestido al subir por las piernas o lo definitivo de la cremallera cuando termina de subir, encerrándonos en ese maravilloso capullo de femineidad que nos abraza sutil pero implacablemente. Las decenas, no, cientos, que miles de fotos que guardaremos celosamente del ojo público pero que son nuestra posesión más preciada, porque son la prueba, de que al menos por unos minutos, pudimos dar rienda suelta a nuestra otra realidad, a nuestra alma de fémina.

Cada mínima pieza de ese divino engranaje, cada olor, cada textura, cada imagen y cada sensación se reúnen para dar vida a nuestro otro yo, a nuestro lado más dulce y mujeril, permitirle la existencia a la otra mujer en nuestras vidas, nosotras mismas.

Cada día, envueltas en femineidad, se hace de pequeños placeres.

Entrada #13: Me amo, me acepto

Srta Shar 13

La aceptación empieza desde adentro.

Hace algunas entregas hablábamos de que cada quien tiene un closet único y su propia forma de salir de él; ahora, espero me permitan llevar eso al campo de la auto aceptación. Aceptarse es estar content@ con un@ mism@, es saber quién debemos ser y eso está más allá de cualquier closet o de la opinión de terceros.

Mi principal problema con aceptarme como Sharom no fue sexual, no fue de miedo ni de culpa (aunque todos esos factores siempre están presentes en nuestro proceso), sino que fue cosa de descubrir para que estaba mi yo femenino en el mundo. Siempre tuve claro mi papel masculino sobre la tierra, pero como mujer me sentía que había algo más que el placer y esa sensación tan buscada de paz y de encajar mejor.

En mi búsqueda, encontré que como chica, me pasaba lo mismo que como chico, en ambas facetas soy inquieta, me gusta aprender, utilizar y aplicar lo que se. Así que decidí permitirme expresar como Shar. Comprendí que no todas tienen la facilidad de contar con una esposa como la mía que las lleve de compras o les enseñe a maquillarse o a ser más femeninas, así que me decidí a ayudarlas y junto con mi bella Gaby, creamos la primera tienda online para travestis de Venezuela, esto nos ha dado todas las satisfacciones del mundo, nos ha regalado maravillosas amigas y experiencias impagables, pero aún más, me ha permitido darle un sentido a ser Sharom, más allá de ser femenina y querer verme linda; también tuve la idea de escribir y crear este blog para compartir con ustedes mi visión de la vida, y rodearme de tanta gente maravillosa como pudiera.

No quiero decir con esto que para aceptarse haya que montar un negocio o que sea cuestión de dinero, para nada. El significado de producir cambia de una a otra, escribir, pintar, cocinar, ayudar a otros o simplemente dejar que tu lado femenino permee sobre tu vida puede ser un gran logro.

Muchas de las que estamos casadas (nuestras esposas lo sepan o no), estamos de acuerdo en que ser mujeres, nos ha ayudado a ser mejores hombres, a entender mejor a nuestras parejas y a hacerles la vida más agradable, eso es una maravillosa forma de empezar. Si no, ¿Cuántas de nosotras hemos aprendido a caminar más lento para no dejar rezagada a nuestra chica que anda en tacones? ¿O hemos aprendido a quejarnos menos por esperar a que nuestra chica se arregle, si nosotras mismas sabemos cuánto tiempo se lleva?

Usar nuestra femineidad para aplicarla a nuestros conocimientos o disciplinas puede también funcionar maravillosamente, nos permite ser libres, creativas y ver las cosas desde otro punto. En nuestras relaciones interpersonales, ser femeninas puede ser una gran carta a jugar que nos regalará una perspectiva especial ¡Somos tan afortunadas!

El estar aquí, el ser como somos tiene mucho más que ropa, maquillaje y actitud. Es más que placer, sexo o coquetería. Somos personas, tenemos mucho que ofrecer. Disfrutemos de todo, de los aspectos mundanos y los no tan terrenales, divirtámonos chicas, pero recordando que si queremos ser tratadas como personas, debemos ser completas como personas.

No quiero que suene a discurso, pero aceptarse comienza desde adentro.

Entrada #12: Flirting…. (El coqueteo)

Srta Shar - Entrada 12

No sabía yo lo divertido que era flirtear, hasta que lo hice como mujer.

Para mí como hombre, coquetear fue siempre un ejercicio penoso y falso, sin resultados reales a la hora de impresionar al objeto de mis deseos, una movida que se dejaba ver casi desesperada y acartonada, nunca entendí como los hombres con frases hechas y poses de “macho alfa” podían conseguir algo más que risillas burlonas y negativas directas durante el complejo arte del ritual de apareamiento.

Como chico, al ver que mi capacidad de coqueteo era cercana a nula, tuve que cimentar, en la buena conversación y el sentido del humor, mi acercamiento a la chica que me interesaba, y empecé a sentir que el flirting, era un intento vacío de aquellos que tienen poco que mostrar a una posible pareja.

De la misma manera cuando como chica, comencé a relacionarme con personas de ambos sexos a quienes por alguna razón les parecía atractiva o ellos a mí; no sabía qué hacer, o como desenvolverme, o como hacerles saber en esa mágica y discreta manera que tienen las mujeres de envolver y enloquecer. No me atrevía a hacer ninguna “movida” o a coquetear en ninguna forma, no sabía de lo que me perdía.

Pues resulta, que coquetear desde el punto de vista de una chica, no sólo se me da, sino que modestia aparte, se me da muy bien. Todo eso de las miradas entre las pestañas, las risitas contenidas, el lenguaje corporal, los sutiles dobles sentidos, el agradecimiento a un piropo o la sonrisa brillante y el brillo en los ojos, son sólo otra expresión más de mi ser femenino, de mi alma de mujer.

He aprendido el gusto por el coqueteo, lo divertido que es mostrar interés, el dejarse desear, el jugar a ser la difícil aunque te estés rindiendo por dentro, a declinar con gracia y elegancia, a hacer sentir a la otra persona bien en tu compañía y al final lograr que esa persona ponga todo su interés en ti. En una palabra es maravilloso.

Pero no sólo he aprendido a flirtear yo, sino que también he aprendido a disfrutar otros flirteando conmigo. Las chicas y chicos femeninos, en una batalla entre similares, utilizando las mismas armas y los mismos artificios, o con los chicos y las chicas de actitud más dominante, con quienes simplemente me dejo ser, y aquellas frases y poses que antes no entendía, ahora me fascinan cuando van dedicadas a mí, cuando buscan conseguir mi atención.

No es que sea yo una femme fatale o más deseable que cualquier otra, pero cuando me pasa es algo digno de ser disfrutado.

Que divertido es flirtear cuando lo haces como mujer.