Entrada #14: Pequeños placeres

Srta Shar 14

Disfrutar de las pequeñas cosas es lo que hace maravilloso el día a día.

La sensación cremosa de labial sobre tus labios cubriéndolos de tu color favorito, la tirantez de los tacones que tensan tus piernas y cambian tu postura, lo divino de cruzar las piernas cubiertas por medias, el sedoso cabello largo sobre los hombros, el cascabeleo de los zarcillos, pulseras y collares; pequeños detalles, pequeñas victorias y fugaces momentos que valen oro para una travesti, para todas las travestis, especialmente las de closet que le robamos minutos al reloj para disfrutar nuestra femineidad.

Nuestros rituales son mágicos y nuestras aventuras tan peligrosas y excitantes como saltar al vacío, nuestras escapadas tan atrevidas como las del ladrón que rompe leyes, y somos adictas a esta femineidad que nos consume.

Salir y tan sólo mirar vidrieras es una emoción indescriptible, fijarnos en la ropa que usan las mujeres a nuestro alrededor un placer inconfesable, entrar en territorios prohibidos, como una tienda de ropa íntima o dejarnos llevar por nuestros pasos a la sección de damas de un almacén sólo para estar rodeadas de aquellos hermosos vestidos y faldas, es como traspasar líneas enemigas queriendo desertar a una nueva patria. La emoción de ser travestis, crossdressers, feminofilas, como nos quieran llamar, es nuestra droga y nuestro deporte extremo.

Todas queremos tener el chance de reunirnos con otras chicas como nosotras, y admiramos a aquellas que lo han logrado. Las que damos esos pasos, queremos más, porque la femineidad es un animal hambriento, una hembra feroz que mientras más le das más desea, y para nosotras es un placer ceder a sus deseos.

El olor del delicado perfume en nuestra nuca y muñecas, las horas de máxima concentración aplicando el maquillaje, cuidando cada detalle para sentirnos bellas, deseables, sensuales. El roce de la suave tela del vestido al subir por las piernas o lo definitivo de la cremallera cuando termina de subir, encerrándonos en ese maravilloso capullo de femineidad que nos abraza sutil pero implacablemente. Las decenas, no, cientos, que miles de fotos que guardaremos celosamente del ojo público pero que son nuestra posesión más preciada, porque son la prueba, de que al menos por unos minutos, pudimos dar rienda suelta a nuestra otra realidad, a nuestra alma de fémina.

Cada mínima pieza de ese divino engranaje, cada olor, cada textura, cada imagen y cada sensación se reúnen para dar vida a nuestro otro yo, a nuestro lado más dulce y mujeril, permitirle la existencia a la otra mujer en nuestras vidas, nosotras mismas.

Cada día, envueltas en femineidad, se hace de pequeños placeres.

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2 comentarios en “Entrada #14: Pequeños placeres

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