Entrada #26: La internet salvó mi vida

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Un par de clicks fueron mi salvavidas y mi desahogo.
Cuando tenía unos 13, 14 o 15 años, me sentía realmente sola y asustada. ¿Cómo era posible que yo, un chico normal, gustara tanto de vestirse con ropa de mi mamá, mis tías o cualquier mujer a cuyo closet tuviese acceso? Seguramente debía estar enferm@, debía ser la única persona en el mundo con tales perversiones, nadie más podría entender semejantes deseos de mi parte.
Poco después, sin embargo, gracias a un trato con mi mamá y mi primer trabajo real, me convertí en una de las primeras personas de mi calle en tener internet en casa, lo que me abrió una puerta al mundo de la información y del crossdressing.
Ya antes había visitado los cybercafes de mi ciudad, y aprovechaba cada momento para investigar más sobre “hombres que se vestían de mujer” en los muy nuevos motores de búsqueda como Altavista, y luego Google o Yahoo! Pero el estar siempre mirando sobre mi hombro para que nadie se enterara de lo que buscaba, era demasiado estresante y solo aumentaba mi culpa.
Una vez en casa, la cosa era diferente, a solas en mi cuarto podía buscar lo que quisiera y bajar programas como el ICQ, que me permitían hablar con otr@s como yo, travestis, crossdressers, transexuales, sissys y más. Luego las salas de chat, los foros; el ICQ dio paso al Messenger y luego a Skype, abriendo mis límites y permitiendome conocer gente de todas partes, incluyendo a mi primera amiga travesti proveniente de mi país, a la cual todavía me une una gran amistad.
Al darme cuenta que no estaba sola, que no era una enferma y que lo que hacía no era pecaminoso ni inmoral, un gran peso se levantó de mis hombros. Aunque con la lentitud propia del dial-up, y las constantes caídas del servicio, fueron decenas de noches en vela, en las que capa a capa, iba descubriendo un nuevo universo allá afuera, y al mismo tiempo me iba descubriendo a mi, como una exploradora en un nuevo continente, aprendiendo como la más aplicada alumna de la clase, conociendo nuevas heroínas y probando las mieles de los placeres virtuales más adultos.
No se que hubiera sido de mi sin esa conexión al mundo, sin las nuevas amigas, las historias eróticas, los consejos de maquillaje y el apoyo de miles de almas femeninas que latían junto a la mía en el ciberespacio. Quizá hubiese continuado pensando que era un fenómeno, que no merecía amistad, amor o respeto, que estaba enferma y que pecaba con solo soñar en usar prendas de mujer; pero sigo viva, sana y más femenina que nunca, rodeada de gente buena y experiencias maravillosas que llegaron con una conexión de internet.
Mi vida como la conozco, se la debo a un par de clicks.

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Entrada #25: El diálogo interno

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¿Cuando conversas contigo misma, que tan honesta puedes ser?
Luego de haber puesto de lado este blog por un par de meses, para arrancar mi programa de radio, “Bajo Mi Falda, con Sharom Nadine“, siento que ya este puede mantenerse en pie por sí mismo, por lo que creo que es momento de regresar a mi primer amor, escribir estas líneas que me exponen y me desnudan de la forma más maravillosa ante ustedes, quienes leen. Tomando en cuenta eso, hace unos días me topé con una imagen que pueden ver aquí, en ella se describía la conversación interna de una chica travesti, y la negociacion a la que se somete una misma, para saciar esta sed por lo femenino ante la “vida real” que se lo prohibe.
Una querida amiga me pidió que le contara uno de los tantos diálogos que he tenido conmigo misma, una de esas tantas charlas entre mi mujer interna y el hombre que la ama, pero que debe salir a enfrentar el mundo. Este es el resultado:
Hombre: – Ya nena, tenemos que cambiarnos, se va a hacer la hora de salir
Shar: – ¡Ay, ya va! ¡Pero mira lo lindas que nos quedaron las uñas! Y esa nueva técnica de smokey en los ojos se nos ve fantástica, vamos disfrútalo, sabes que te encanta tanto como a mí.
Hombre: – Si, es verdad, quedó hermoso, pero en un rato tenemos que salir, y no podemos ir así.
Shar: – ¿Pero, por qué no? Si estamos divinos, este vestdo nuevo me va precioso, o quieres que nos pongamos la falda lápiz y la blusa color crema, es más de vestir…
Hombre: – Sabes que no se trata de eso, no podemos ir vestidos de mujer, es una reunión familiar.
Shar: – ¿Y qué? ¿Acaso tus primas se van a poner celosas con la competencia? ¿Sus novios te van a mirar más de la cuenta? ¿Qué importa? ¿Tu les debes algo a ellos? ¿Ellos te felicitan cuando haces algo bien, te buscan para algo, te pagan la ropa, el maquillaje, los tacones? ¿No? Pues, que no opinen.
Hombre: – Tu tienes razón nena, pero están papá y mamá…
Shar: – ¡Eso no se vale! No puedes seguir jugando la carta de papá y mamá.
Hombre: – No quiero causarles dolor, ellos han sido mi fuerza todos estos años, han estado conmigo en los peores momentos, sin reclamarme, sin echarmelo en cara.
Shar: – ¿Pero y tú? ¿Y nosotros? ¿Y estas ganas de taconear fuera de este cuarto, de llegar y mostrarte como eres, como somos, como lo sabe el espejo?
Hombre: – Vamos nena, no lo hagas más difícil, tu sabes que por mi lo haría, pero no quiero hacer daño…
Shar: Si, lo se.. lo siento, es que se sienten tan bien las medias, y oler rico, y los tacones…
Hombre: – Si, así es, se siente muy bien… pero… ¿y si hacemos algo?
Shar: – ¿Que propones?
Hombre: – Déjate las medias, los ligueros y las panties, las llevamos bajo el pantalón…
Shar: – !Siiii! ¿Y el brassier?
Hombre: – No, eso no. Se notaría mucho bajo la camisa.
Shar: – Ok, OK.. pero al llegar nos vestimos de nuevo, y nos tomamos fotos.
Hombre: – Está bien, lo que tu quieras… ¿Mejor?
Shar: – Si, un poco, pero aún sigo brava.
Hombre: – ¿Y si el sábado vamos a ver vidrireras? Quien sabe si compramos algo bonito…
Shar: – Bueno, así si… pero vamos a quedarnos vestidos un ratico más, solo 10 minutos, ¿si? Para probarme la blusa nueva que compramos…
Hombre: – De acuerdo, pero solo 15 minutos, diré que tuve problemas con el carro, que por eso llegamos tarde.
Shar: – ¡Yayyyyy!

Nunca se es más honesta, que cuando se habla con uno mism@