Entrada #13: Me amo, me acepto

Srta Shar 13

La aceptación empieza desde adentro.

Hace algunas entregas hablábamos de que cada quien tiene un closet único y su propia forma de salir de él; ahora, espero me permitan llevar eso al campo de la auto aceptación. Aceptarse es estar content@ con un@ mism@, es saber quién debemos ser y eso está más allá de cualquier closet o de la opinión de terceros.

Mi principal problema con aceptarme como Sharom no fue sexual, no fue de miedo ni de culpa (aunque todos esos factores siempre están presentes en nuestro proceso), sino que fue cosa de descubrir para que estaba mi yo femenino en el mundo. Siempre tuve claro mi papel masculino sobre la tierra, pero como mujer me sentía que había algo más que el placer y esa sensación tan buscada de paz y de encajar mejor.

En mi búsqueda, encontré que como chica, me pasaba lo mismo que como chico, en ambas facetas soy inquieta, me gusta aprender, utilizar y aplicar lo que se. Así que decidí permitirme expresar como Shar. Comprendí que no todas tienen la facilidad de contar con una esposa como la mía que las lleve de compras o les enseñe a maquillarse o a ser más femeninas, así que me decidí a ayudarlas y junto con mi bella Gaby, creamos la primera tienda online para travestis de Venezuela, esto nos ha dado todas las satisfacciones del mundo, nos ha regalado maravillosas amigas y experiencias impagables, pero aún más, me ha permitido darle un sentido a ser Sharom, más allá de ser femenina y querer verme linda; también tuve la idea de escribir y crear este blog para compartir con ustedes mi visión de la vida, y rodearme de tanta gente maravillosa como pudiera.

No quiero decir con esto que para aceptarse haya que montar un negocio o que sea cuestión de dinero, para nada. El significado de producir cambia de una a otra, escribir, pintar, cocinar, ayudar a otros o simplemente dejar que tu lado femenino permee sobre tu vida puede ser un gran logro.

Muchas de las que estamos casadas (nuestras esposas lo sepan o no), estamos de acuerdo en que ser mujeres, nos ha ayudado a ser mejores hombres, a entender mejor a nuestras parejas y a hacerles la vida más agradable, eso es una maravillosa forma de empezar. Si no, ¿Cuántas de nosotras hemos aprendido a caminar más lento para no dejar rezagada a nuestra chica que anda en tacones? ¿O hemos aprendido a quejarnos menos por esperar a que nuestra chica se arregle, si nosotras mismas sabemos cuánto tiempo se lleva?

Usar nuestra femineidad para aplicarla a nuestros conocimientos o disciplinas puede también funcionar maravillosamente, nos permite ser libres, creativas y ver las cosas desde otro punto. En nuestras relaciones interpersonales, ser femeninas puede ser una gran carta a jugar que nos regalará una perspectiva especial ¡Somos tan afortunadas!

El estar aquí, el ser como somos tiene mucho más que ropa, maquillaje y actitud. Es más que placer, sexo o coquetería. Somos personas, tenemos mucho que ofrecer. Disfrutemos de todo, de los aspectos mundanos y los no tan terrenales, divirtámonos chicas, pero recordando que si queremos ser tratadas como personas, debemos ser completas como personas.

No quiero que suene a discurso, pero aceptarse comienza desde adentro.

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Entrada #12: Flirting…. (El coqueteo)

Srta Shar - Entrada 12

No sabía yo lo divertido que era flirtear, hasta que lo hice como mujer.

Para mí como hombre, coquetear fue siempre un ejercicio penoso y falso, sin resultados reales a la hora de impresionar al objeto de mis deseos, una movida que se dejaba ver casi desesperada y acartonada, nunca entendí como los hombres con frases hechas y poses de “macho alfa” podían conseguir algo más que risillas burlonas y negativas directas durante el complejo arte del ritual de apareamiento.

Como chico, al ver que mi capacidad de coqueteo era cercana a nula, tuve que cimentar, en la buena conversación y el sentido del humor, mi acercamiento a la chica que me interesaba, y empecé a sentir que el flirting, era un intento vacío de aquellos que tienen poco que mostrar a una posible pareja.

De la misma manera cuando como chica, comencé a relacionarme con personas de ambos sexos a quienes por alguna razón les parecía atractiva o ellos a mí; no sabía qué hacer, o como desenvolverme, o como hacerles saber en esa mágica y discreta manera que tienen las mujeres de envolver y enloquecer. No me atrevía a hacer ninguna “movida” o a coquetear en ninguna forma, no sabía de lo que me perdía.

Pues resulta, que coquetear desde el punto de vista de una chica, no sólo se me da, sino que modestia aparte, se me da muy bien. Todo eso de las miradas entre las pestañas, las risitas contenidas, el lenguaje corporal, los sutiles dobles sentidos, el agradecimiento a un piropo o la sonrisa brillante y el brillo en los ojos, son sólo otra expresión más de mi ser femenino, de mi alma de mujer.

He aprendido el gusto por el coqueteo, lo divertido que es mostrar interés, el dejarse desear, el jugar a ser la difícil aunque te estés rindiendo por dentro, a declinar con gracia y elegancia, a hacer sentir a la otra persona bien en tu compañía y al final lograr que esa persona ponga todo su interés en ti. En una palabra es maravilloso.

Pero no sólo he aprendido a flirtear yo, sino que también he aprendido a disfrutar otros flirteando conmigo. Las chicas y chicos femeninos, en una batalla entre similares, utilizando las mismas armas y los mismos artificios, o con los chicos y las chicas de actitud más dominante, con quienes simplemente me dejo ser, y aquellas frases y poses que antes no entendía, ahora me fascinan cuando van dedicadas a mí, cuando buscan conseguir mi atención.

No es que sea yo una femme fatale o más deseable que cualquier otra, pero cuando me pasa es algo digno de ser disfrutado.

Que divertido es flirtear cuando lo haces como mujer.

Entrada #11: La ropa hace al hombre, y a la mujer…

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La ropa que hace a la chica como el color a la flor.

Tengo una teoría, una bastante triste si eres chico. Si la ropa creciera con la persona, un hombre solo necesitaría un traje durante toda su vida para cada ocasión especial, bautizo, comunión, graduaciones, matrimonio, entrevistas de trabajo, fiestas importantes, jubilación y funeral; a todas podría asistir usando el mismo traje.

Imagínense entonces a una mujer y las decenas, o cientos de atuendos que usa durante su vida para cada ocasión que vale como importante, su bautizo, su primera comunión, sus 15 años (mi favorito), graduación, matrimonio, etc. Sería ridículo pensar que usaría lo mismo cada vez.

Aprendí viendo a las mujeres a mi alrededor que una se viste para la ocasión y el momento, que es un divino rompecabezas el elegir el “outfit” perfecto, que indique que mujer quieres ser en ese momento, que mensaje quieres transmitir y que efecto deseas causar.

Es una de las razones por las que amo mi femineidad, me da opciones que nunca habría experimentado, y para nosotras es lo hermoso de vestirse de mujer, no quiero ropa para hombres que parezca femenina, quiero ropa de mujer, ropa que cualquier mujer pudo haber usado, quiero montarme en sus tacones y mirar al mundo desde su altura, cubrir mi espalda con su seda y maquillar mi rostro para decirle al mundo, “¡Mírenme, esta soy yo!”.

Es que sólo abrir el cajón de la ropa intima es una aventura. ¡No me hagan comenzar con la ropa intima! Es un tema al que le dedicaré mi próxima entrega, toda dedicada al placer del encaje, las transparencias y esas delicias que tocan tu piel desnuda.

A la final, la ropa es una armadura, una forma de expresión, una extensión de quien somos por dentro y un aviso muy claro de cómo queremos ser vistas. Es divertido y muy interesante explorarse a una misma a través de cómo se ve.

Hoy inténtalo, ponte algo que nunca pensaste podrías usar, juega con tu guardarropas, explora tu propia personalidad, diviértete con lo que te pondrás. Sé como una niña que descubre su propia femineidad en el closet de su mamá.

Al final, tú eliges que flor quieres ser y de qué color quieres que te vean.

Entrada #10: La cita

Srta Shar - Entrada 10

Apresúrate en llegar a la cita, que a esta dama no le gusta esperar.

Se te ha hecho tarde, las diligencias del día, el trabajo, la gente y el reloj se te pusieron en contra, vas retrasado y esta chica está impaciente esperando por ti. Vamos que ya es hora de llegar a casa y tratarla como se lo merece.

Abres la puerta y un fresco te entra, buscas la habitación a grandes zancadas mientras te desabrochas la camisa, pronto el pantalón, los zapatos y la ropa interior están fuera de la vista. Entras a la ducha y empiezas tímidamente a sonreír, que ganas tienes de verla.

Te revisas el cuerpo y tomas la rasuradora para estar seguro que todo está en orden y que te ves lo mejor posible para ella, te lavas la cara y la exfolias, te lavas el cabello con la botella rosa para momentos especiales, lo acondicionas y esperas los interminables 5 minutos que indican las instrucciones, los aprovechas para afeitarte tomándote todo el tiempo necesario hasta que quede la menos evidencia posible de barba, revisas tu piel, tus ojos mentón, quieres que todo este perfecto para esta chica. Enjuagas tu cabello, chequeas una última vez y sales de la ducha. Cubres con delicadas cremas y tónicos tu cuerpo en una ofrenda a esta chica que sabes que le va a gustar.

Cada vez más cerca, tomas la suave toalla y te cubres con ella, esta vez, la pasas bajo tus axilas y te cubres del pecho para abajo, ya la sientes venir. Tu paso ha cambiado y contoneándote llegas a la habitación; en el espejo te espera, tiene horas allí y te mira a los ojos cuando subes la mirada. Bajas la vista y la miras por entre las pestañas, le regalas una sonrisita tímida de bienvenida y comienzas la maravillosa labor de ayudarla a decidir que se pondrá hoy.

Revisas los cajones y gavetas, vas pasando ganchos en el closet, seleccionando entre los hermosos tacones en la zapatera.

Dejas caer la toalla que te cubre como un acto de rendición, tomas de la cama la pequeña confección de encaje color lila con detalles negros y metes un pie tras otro y la subes por tus piernas, te rodeas el pecho con el brassier, metes los brazos en los breteles y te contorsionas para abrocharlo detrás, acaricias la falda y la blusa, las medias, los accesorios sobre la peinadora, los zapatos en el suelo. Te sientas en el cómodo taburete acolchado frente al tocador y volteas al espejo, allí está esta chica, esperando por ti, te dice que te ves linda, allí estas tu.

Qué bueno que llegas a tu cita, a esta dama no le gusta esperar.

Entrada #9: Adicción a ser

 

Shar 11 - Sesión (16-02-12)

Hola, mi nombre es Shar y soy adicta a mí.

¿Cuál es ese poder que tiene sobre mí la femineidad, mi femineidad? ¿Qué embrujo me controla que no puedo librarme de este deseo de ser y estar?

Nunca ha sido el licor una atadura para mí, ni las drogas de recreación un lastre que deba cargar, no apuesto con nada que no sea mi propio día a día, y por muy sexy que me vea fumando, nunca la nicotina se me hizo debilidad; no soy esclava de vicios, ni de los químicos, ni del azar. Pero no me tientes con una negligee en una noche a solas o con una fantasía y medias de seda en compañía, porque no respondo de lo que podría pasar.

Soy de carne débil cuando me llamas “nena”, “princesa”, “coqueta” o “muñeca”, cuando me deslumbra el flash, cuando huelo a perfume de flores o siento la brocha rozarme el rostro, en ese momento no hay fortaleza que valga, mi mente se nubla y mi propio cuerpo me traiciona, mis manos tiemblan de emoción y una sonrisa a todas luces verdadera, ilumina el cuarto partiendo mis labios pintados.

No hay excusa, no hay explicación, es más fuerte que yo, alguna vez pensé que podría dejarlo cuando yo quisiera, pero las purgas y las buenas intenciones no fueron duraderas, me mentía cuando lo pensaba un hobbie, un pasatiempo, era yo gritando desde adentro y era mi voz llamándome a gritos.

Soy mi droga y mi borrachera, soy mi entrega y mi próxima dosis. No se compra en la esquina y no provoca malestar a la mañana siguiente; soy mi propia dealer y compradora;  esta como toda droga, es un animal que siempre pide más, que nunca está satisfecho y eso es perfecto para mí.

Dame un rato más de alegría que esta adicción no daña, ni mis seres queridos tendrán que llorar por mí, dame vida y libertad que esta no me mata sino que me deja vivir, no me encierran por ella, sino que me abre las puertas.

Ser quien soy es lo que busco, en cada momento a solas o bien acompañada, en cada chance que tengo, en cada momento que puedo dejarme ir y ser yo, no terminaré encerrada, sólo terminaré feliz.

Bendito vicio que soy para mí misma, divina la hora en que no pude vivir si mí.

Entrada #8: Lágrimas de rímel

Srta Shar - Entrada 7

Hasta llorar de verdadero dolor y rabia es femenino para mí.

Si me tarde mucho para escribir de sexo, me tardé aún más para escribir de tristezas; el primero por no querer perpetuar el estigma de ser ninfómanas insaciables y el segundo por no romper esta delicada burbuja que contiene mi alma femenina.

Pero si voy a desnudar quien soy ante quien me lee, es bueno también que reconozca las cicatrices que han dejado los sinsabores de mi lucha por ser yo, y las marcas que en mis hermanas quedaron luego de nuestras tristes noches de lluvia.

No todo el mundo es de rosa ni todos los cuentos acaban en beso, en la vida nos hemos encontrado una y mil veces con gente y situaciones que queriendo o sin querer nos han robado la sonrisa; engaños, traiciones, amenazas y heridas del alma que son más dolorosas que las de la piel.

Hemos perdido seres amados por nuestro deseo de revelar quienes somos, acabado relaciones y perdido amores, se nos ha llamado todo nombre horrible bajo el sol por no tener opción más que ser quienes estamos destinadas a ser, muchas han sido golpeadas y hasta hemos visto sus vidas acabar por odio y estrechez de mente, muchas han perdido su sonrisa a manos de alguien cuya definición de macho y hembra es tan tosca y absurda como sus manos que hacen daño.

Pero no hay golpe que el maquillaje no cubra, ni tristeza que el ser una misma no valga, hemos aprendido a levantarnos, arreglarnos el vestido, ensayar la sonrisa frente al espejo y caminar coquetamente hasta el nuevo día, esperando y deseando siempre un poco más de libertad.

Recuerdo en una novela brasileña, un personaje transgénero daba sus primeras clases de femineidad a una niña pobre del barrio, todo un poema de aceptación y lucha de una misma cuando le decía, “una dama aprende a ver el mundo, siempre desde encima de sus tacones, no importa lo que pase, siempre encima de sus tacones”. Desde aquel momento tomé esa enseñanza como ley de vida, aquello significaba para mí, que una dama siempre lo es no importa cómo te trate el mundo, y sin importar cuánto te hieran nadie podrá quitarte lo que eres.

Es que la femineidad es tan poderosa, tan hermosa, tan nuestra que como decía la agrado de Almodóvar, “una es más autentica, cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”.

Cuando las lágrimas son de rímel, hasta llorar de verdadero dolor y rabia es femenino.

Entrada #7: Yo soy mi sex toy

Shar 24 - Sesión (16-02-12) Pq

Me encanta ser mi propio juguete sexual.

Me encanta jugar conmigo misma, pero no solo con mi cuerpo, aunque mi piel cubierta por las confecciones femeninas es un divino excitante natural para mí, pero la mayoría de este delicioso juego de ajedrez que llamo sexo ocurre en mi cabecita.

Soy fantasiosa y soy una fantasía, hasta hacer el amor con mi pareja comienza allí, empieza como una danza de ideas y deseos que se vuelven acciones y que terminan en gemidos y orgasmos. Somos seres de sexo, somos divas de las sabanas y maravillas femeninas que saben sentir como hembras pero con la estámina de varones, somos celestiales criaturas diseñadas para placeres terrenales.

Ya sea que prefieras la compañía femenina o desees el cariño masculino, estamos hechas para vibrar ante la caricia y responder como diosas al beso, para manchar la otra piel con carmín y deleitarnos cuando nos bajan las bragas y nos suben la falda. Nuestro lenguaje es de orquídea, nuestro olor es de azahar y nuestra espina es mayor que la de la rosa, somos cuerpo y alma una exquisita contradicción que se vuelve adicción para quien nos prueba, pero más que nada es una sed insaciable para nosotras mismas.

Somos dueñas de nuestros deseos, princesas del placer propio y ajeno, tan sólo vestirnos es una experiencia erótica, cada ritual es una danza y está un paso más cerca del éxtasis, ¿Qué más puede decirse de un ser que se excita más poniéndose ropa que quitándosela? ¿De una criatura cuyo máximo fuego se enciende al simplemente dejarse ser ella misma? ¿De una ninfa cuya mayor fantasía es que la vean siendo cómo es?

Disfruto jugar conmigo, tentarme y negarme el placer hasta que ya no pueda más, coquetear conmigo en el espejo, más aún cuando se que alguien más disfruta del espectáculo. Me estimulo igual al entrar a una tienda de ropa o una zapatería que al ver la más candente escena de un film para adultos, y se me doblan las rodillas tanto más al ver a una mujer maravillosamente vestida, que por verla desnuda en una foto de revista.

Si la gente al pasar supiera lo que pasa por mi cabecita cuando voy por la calle jamás lo creerían, claro que si vieran lo que llevo bajo mi ropa de hombre quizá tampoco darían crédito a lo que ven, esa es otra forma más de jugar conmigo misma, de disfrutar con quien soy, de excitarme con mi lado femenino.

Por eso me encanta ser mi propio juguete sexual y mi propio campo de juegos.