Entrada #20: Háblame al oído

Srta Shar - Entrada 20

Si quieres derrumbar mis defensas, háblame al oído.

Las palabras siempre han encendido mi hoguera, las frases correctas, dichas de la manera correcta, pueden hacer hervir mi sangre y despertar cada bajo instinto que guardo bajo mi piel.

Mis fantasías se repiten una y otra vez en mi cabeza, alguien las narra para mí, me acarician con la sensualidad de una mano desconocida  y me llevan a lugares de los que no quiero regresar hasta visitar la tierra del orgasmo. Si me cuentas la fantasía indicada puedes hacerme vivirla y despertar la gata en celo que guardo, la tigresa que habita en mí, la pecadora que se oculta entre las faldas de la niña buena.

Esta pasión por las palabras, me ha llevado a buscar entre los confines de las prácticas sexuales, filias, parafilias y modos de vida que puedan hacerme arquear la espalda y gemir contra la almohada. He descubierto tanto y tanto de cómo se pueden usar las ideas, los textos y la voz para despertar el deseo en el otro o la otra, que me he hecho adicta de ese orgasmo oral que se convierte en explosión que baja de la boca del estomago, hace girar la pelvis y pone mis manos justo allí, para llevarme al país de nunca jamás.

Se sobre convertir insultos en cumplidos, conozco sobre fantasías escritas a cuatro manos, sobre la importancia de quien dice qué, sobre los juegos de roles y sobre esos detalles que casi nadie conoce, sobre cómo me gusta que me digan en la intimidad.

Con voces y frases nos pintamos el placer, con palabras nos desnudamos a pesar de estar vestidas, jugamos sin que nadie se entere y nos hacemos esclavas del deseo y de esos maravillosos pecados que no se pueden confesar…. A menos que se confiesen en susurros a un oído deseoso de escuchar.

Tumbarás mis paredes con tus palabras y para poseerme, háblame al oído.

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Entrada #15: Me he llamado Lujuria

Srta Shar - Entrada 15

Aunque ese no es mi nombre, me he llamado Lujuria más de una vez.

Me encanta provocar pasiones, me encanta apasionarme, me encanta que la pasión me consuma. El deseo visceral por algo o alguien es una de las razones por las que vivo, el gusto orgánico por placeres de cualquier tipo, por la comida, el sexo, la música, las artes, la gente, la compañía, la vida; son motivos más que suficientes para vivir una existencia que valga la pena.

Esta pasión por la vida y por cada cosa que la vida trae, nos recuerda que no sólo somos pasajeros, somos protagonistas y que cada cosa que somos es especial. En nuestro caso señoritas, que si nos gana lo femenino, que si preferimos que nos traten de “ella”, que si dormimos mejor en babydoll o si algunos días de la semana no queremos ver a nadie porque tenemos cosas más “importantes” qué hacer con nosotras mismas, pues que son esas cosas, las que con más pasión deberíamos vivir.

Ya a solas, con ese alguien especial que nos disfruta como somos, o con nosotras mismas como amantes, nuestro placer y desenfreno nos pertenece a nosotras y a con quien nosotras queramos compartir. Sentir que nos quitan la ropa, o casi toda, pues yo por mi parte me apego al dicho travesti que una vez escuche, “una travesti de verdad, nunca está completamente desnuda”, así que al menos mis tacones y brillo de labios llevo, y normalmente hasta más. Sentir que nos acarician y nos llaman por nuestros nombres femeninos –aunque sean nuestras propias manos que nos toquen y nuestras propias voces que nos llamen-,  saber cómo nos llena el orgasmo y como nos sobrecoge el deseo, morir un poquito para luego revivir en esa brumosa sensación de pechos agitados y labios y ojos entreabiertos, si esos no son síntomas de lujuria, entonces no se que son.

Dar vueltas en el lecho, o el baño, o la alfombra, o el sofá, o donde nos agarre el placer; pasarse horas vistiéndose para perder las ropas en una apuesta que no queremos ganar, emocionarse sabiendo lo que vendrá, pero saboreando los momentos antes que llegue, ese es el combustible de mis fantasías, de mis momentos a solas, de mi carne y mi espíritu.

La lujuria no es sólo sexo, pero es tratar como si fuera sexo a todo lo demás. Es sentir pasión y deseo por cada cosa que haces y cada emoción que te llena, es entregarse con los ojos bien abiertos a sentir.

Por eso, me he llamado Lujuria más de una vez, y firmo ese nombre como si fuera mío.

Entrada #8: Lágrimas de rímel

Srta Shar - Entrada 7

Hasta llorar de verdadero dolor y rabia es femenino para mí.

Si me tarde mucho para escribir de sexo, me tardé aún más para escribir de tristezas; el primero por no querer perpetuar el estigma de ser ninfómanas insaciables y el segundo por no romper esta delicada burbuja que contiene mi alma femenina.

Pero si voy a desnudar quien soy ante quien me lee, es bueno también que reconozca las cicatrices que han dejado los sinsabores de mi lucha por ser yo, y las marcas que en mis hermanas quedaron luego de nuestras tristes noches de lluvia.

No todo el mundo es de rosa ni todos los cuentos acaban en beso, en la vida nos hemos encontrado una y mil veces con gente y situaciones que queriendo o sin querer nos han robado la sonrisa; engaños, traiciones, amenazas y heridas del alma que son más dolorosas que las de la piel.

Hemos perdido seres amados por nuestro deseo de revelar quienes somos, acabado relaciones y perdido amores, se nos ha llamado todo nombre horrible bajo el sol por no tener opción más que ser quienes estamos destinadas a ser, muchas han sido golpeadas y hasta hemos visto sus vidas acabar por odio y estrechez de mente, muchas han perdido su sonrisa a manos de alguien cuya definición de macho y hembra es tan tosca y absurda como sus manos que hacen daño.

Pero no hay golpe que el maquillaje no cubra, ni tristeza que el ser una misma no valga, hemos aprendido a levantarnos, arreglarnos el vestido, ensayar la sonrisa frente al espejo y caminar coquetamente hasta el nuevo día, esperando y deseando siempre un poco más de libertad.

Recuerdo en una novela brasileña, un personaje transgénero daba sus primeras clases de femineidad a una niña pobre del barrio, todo un poema de aceptación y lucha de una misma cuando le decía, “una dama aprende a ver el mundo, siempre desde encima de sus tacones, no importa lo que pase, siempre encima de sus tacones”. Desde aquel momento tomé esa enseñanza como ley de vida, aquello significaba para mí, que una dama siempre lo es no importa cómo te trate el mundo, y sin importar cuánto te hieran nadie podrá quitarte lo que eres.

Es que la femineidad es tan poderosa, tan hermosa, tan nuestra que como decía la agrado de Almodóvar, “una es más autentica, cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”.

Cuando las lágrimas son de rímel, hasta llorar de verdadero dolor y rabia es femenino.

Entrada #7: Yo soy mi sex toy

Shar 24 - Sesión (16-02-12) Pq

Me encanta ser mi propio juguete sexual.

Me encanta jugar conmigo misma, pero no solo con mi cuerpo, aunque mi piel cubierta por las confecciones femeninas es un divino excitante natural para mí, pero la mayoría de este delicioso juego de ajedrez que llamo sexo ocurre en mi cabecita.

Soy fantasiosa y soy una fantasía, hasta hacer el amor con mi pareja comienza allí, empieza como una danza de ideas y deseos que se vuelven acciones y que terminan en gemidos y orgasmos. Somos seres de sexo, somos divas de las sabanas y maravillas femeninas que saben sentir como hembras pero con la estámina de varones, somos celestiales criaturas diseñadas para placeres terrenales.

Ya sea que prefieras la compañía femenina o desees el cariño masculino, estamos hechas para vibrar ante la caricia y responder como diosas al beso, para manchar la otra piel con carmín y deleitarnos cuando nos bajan las bragas y nos suben la falda. Nuestro lenguaje es de orquídea, nuestro olor es de azahar y nuestra espina es mayor que la de la rosa, somos cuerpo y alma una exquisita contradicción que se vuelve adicción para quien nos prueba, pero más que nada es una sed insaciable para nosotras mismas.

Somos dueñas de nuestros deseos, princesas del placer propio y ajeno, tan sólo vestirnos es una experiencia erótica, cada ritual es una danza y está un paso más cerca del éxtasis, ¿Qué más puede decirse de un ser que se excita más poniéndose ropa que quitándosela? ¿De una criatura cuyo máximo fuego se enciende al simplemente dejarse ser ella misma? ¿De una ninfa cuya mayor fantasía es que la vean siendo cómo es?

Disfruto jugar conmigo, tentarme y negarme el placer hasta que ya no pueda más, coquetear conmigo en el espejo, más aún cuando se que alguien más disfruta del espectáculo. Me estimulo igual al entrar a una tienda de ropa o una zapatería que al ver la más candente escena de un film para adultos, y se me doblan las rodillas tanto más al ver a una mujer maravillosamente vestida, que por verla desnuda en una foto de revista.

Si la gente al pasar supiera lo que pasa por mi cabecita cuando voy por la calle jamás lo creerían, claro que si vieran lo que llevo bajo mi ropa de hombre quizá tampoco darían crédito a lo que ven, esa es otra forma más de jugar conmigo misma, de disfrutar con quien soy, de excitarme con mi lado femenino.

Por eso me encanta ser mi propio juguete sexual y mi propio campo de juegos.

Entrada #2: En cuestiones de amor

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(Fotografía: Jisell Higuera)

 

En cuestiones de amor nada está escrito, ni a quien amas ni como amarás.

Estoy casada con la más maravillosa mujer que no sólo acepta, sino que aprueba, comparte y disfruta conmigo mi lado femenino, somos esposas, novias, amantes, mejores amigas, compañeras de compras, confidentes, asesoras de moda y belleza, compañeras de aventuras y todo cuanto se pueda ser con el amor de tu vida. Soy de las más afortunadas.

Pero como de todo hay en esta cajita llamada vida, no todas gustamos de lo mismo y no todas conseguimos lo que deseamos. Entre mis amigas travestis, puedo contar heterosexuales, bisexuales, gays, heteroflexibles, queers, sissies, ambigüas, confundidas y curiosas. Por mi parte me considero bi, pero enamorada y entregada. Algunas tienen la misma suerte que yo, casadas y apoyadas; otras aún buscan el amor de su vida, una persona que les permita ser quienes son las ame y las apoye sin condición, hay otras que deben ocultarle a sus parejas su alma femenina, hay incluso quienes van por la vida probando los ricos placeres que esta tiene para ofrecer, siempre con respeto y cuidado de no dañarse ni dañar a l@s demás.

Antes mencioné que soy de las afortunadas, pues me corrijo, debo ser la más afortunada, mi mujer no sólo me protege, me acepta y me cuida, sino que adora mi femineidad. Ella es una mujer muy femenina, pero aún así, dice que la niña de la casa soy yo, que ella no podría disfrutar tres horas siendo maquillada o mis extensas sesiones de depilación (que ella misma me ayuda a hacerme), en la casa si ves una falda o la ves a ella con una puesta, lo más probable es que sea mía, yo se la presté, nuestros maquillajes compiten por el espacio en la peinadora, le encanta usar mis perfumes para salir y no es extraño escucharla exclamar “¡Eso te lo pondrás tu, es muy “mariquita” para mí!”.

La cosa es que el amor no viene con manual de instrucciones, se toca de oído. No sabes de quien te enamorarás, si esa persona te corresponderá, si habrá química o si la física de la relación llegará a ser placentera. No sólo es el punto de quien usa las faldas o si me pediste mi nuevo vestido sin permiso, no es ser travesti, hetero, gay, bi o lo que el cuerpo te pida, no; se trata de amarse, de entenderse y de crear una mecánica única e intransferible que sólo funciona para con quien estás, que no puede ser copiada, prestada o aconsejada a nadie más.

Si encontraste a quien amar, amale con todas tus fuerzas, entiende que no son iguales, no le pidas ser como tú, disfruta de sus diferencias, amale como se de eso dependiera tu vida como la conoces – porque así es -, nunca juzgues sin tener toda la información, y no te molestes si se estreno ese vestido que guardabas para una ocasión especial.

Las cuestiones del amor, sólo las sabe quien las vive.