Entrada #4: Amo a mi madre

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(Fotografía: Jisell Higuera)

Mi madre me enseñó que en los momentos difíciles se dan grandes pasos.

Siempre he sido muy cuidadosa con mi lado femenino, la cuido como a una niña chiquita que a veces se pone traviesa y quiere cruzar la calle sin supervisión, mi yo femenino es más inocente y a veces no veo las situaciones peligrosas hasta que ya es muy tarde.

Mi propia esposa y mis amigas me cuidan y me protegen, yo trato de hacerlo también, pero a veces las cosas pasan y ni siquiera sabes porque. Es entonces cuando tienes que jugar las cartas que la vida te da.

Alguien que no debía se enteró que soy travesti, no sabía sus intenciones y me preocupaba que haría ella con esa información, es una situación muy difícil y los nervios te invaden y cada sombra en la pared parece el presagio del mal por suceder. Ser descubierta es una de las peores pesadillas de una travesti de closet, el perder tu privacidad, el control y la posibilidad de destruir tu mundo tal como lo conoces, todo a la vez.

Cuando esto me golpeó, comencé por pensar que tan grave sería la situación, sabía que mi trabajo quizás sufriría y que mi relación con muchos de mis amigos y familiares se vería seriamente afectada, pero saber que mi esposa me ama y que muchos de mis amigos seguirán allí es una gran bendición, pero luego de mucho meditarlo, me atreví a contarle a mi mamá que soy travesti.

Fue un momento tenso y delicado, me hizo las preguntas de rigor ¿Eres gay? ¿Tú y tu esposa son una pareja real? ¿Te amenazaron con algo? ¿Ustedes están bien?

Puedo decir con orgullo que me fue muy bien en esa conversación, fue difícil de digerir para ella; pero con la paciencia de una santa y la sabiduría de un gurú, hoy puedo decir que me acepta, me ama, me cuida y me desea lo mejor.

Dicho esto, no quiere decir que ahora estaré vestida en su casa, ella no quiere verme de esa manera, ni yo sé si quiera que me vea, para ella soy su hijo y así quiere que continúe, no está lista ni tiene intenciones de conocer a Sharom y debo vivir con eso. Pero sé que mi madre me ama por encima de todo y que nunca se avergonzará de que sea su hij@. Respeta mi decisión y lo que he construido con mi esposa.

Gracias mamá, eres, como siempre, mi cuna, mi camino, mi calma y mi amor, si tengo un lado femenino es porque lo aprendí de ti, si usé tus ropas es porque quería emularte, si amo a las mujeres es porque me crió la mejor de todas.

En momentos difíciles aprendí cuanto amo a mi madre.

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Entrada #3: Tu propio closet

Srta Shar - Entrada 3

Mi closet no es el tuyo, ni el de nadie más.

A diferencia de lo que se piensa, el closet no es uno sólo, cada un@ tiene su propia versión ajustada a sus miedos, preocupaciones, problemas y vida propia.

El mío está lleno de hermosos vestidos y faldas cortas, de lencería muy sexy, zapatos de tacón, secretos, amigas, uno que otro admirador y experiencias inolvidables. Hace algún tiempo, me di cuenta que si mi armario no se parecía al de nadie más, ¿Porque mi salida de él debía ser como la de los demás? Si yo quiero asomar mi maquillado rostro o mi entaconado pie fuera de este, debía ser bajo mis propios términos, con mis condiciones y a mi ritmo, si quiero volver corriendo a él puedo hacerlo, pero si quiero dar una vuelta por los alrededores es cosa mía y de nadie más.

En mi caso particular comencé por hacer una lista de quienes sabían ya de mi lado femenino y estaban bien con eso. Mi esposa, por supuesto, mi cuñada que se enteró por mi esposa (como dicen, sin querer) y que se ha convertido en una hermana menor para mí; mis amigas de internet y casi nadie más. Luego era cuestión de pensar quienes podrían tomarlo mejor, quienes lo aceptarían y con quienes peligraría mi amistad.

Caso seguido mis amigas más cercanas – mujeres cisgenero, biológicas, próximas a mi lado masculino – fueron el primer target, una a una fui ganando un grupo de confidentes, consejeras, protectoras y maravillosas mujeres de mi lado, que me han tomado como una más de ellas, que aman a mi yo varón, pero también a mi yo mujer, nena, femenina, que me hablan de ella, en femenino, me llaman “bella”, “muñeca”, “princesa”, que me piden consejos de moda o relaciones, en fin, que ahora damas y caballeros de todos los sexos, ¡Tengo amigas de verdad!

A ellas se les sumo algún amigo gay, mi primo y mi prima favoritos, algunos amigos varones nuevos y viejos, y hace algun tiempo me vi forzado a contarle a mi madre, con todo el miedo y la aprehensión que esto entraña; pues me alegra decir que salió mejor de lo que esperaba y es una experiencia que contaré con todos los detalles en una entrega posterior, de la misma manera que contaré mi primera salida en público, vestida y de la mano de mi esposa y una de estas amigas, que tengo la enorme fortuna de contar en mi bando.

Por eso digo, el closet es tuyo, y como salir de él tu prerrogativa.