Entrada #19: Primeras veces

Srta Shar - Entrada 19

La vida está hecha de primeras veces.

Y mientras más vidas vivas, más primeras veces tendrás. Cada primera vez es emocionante, excitante y te hace el corazón latir a prisa; para las chicas como nosotras, cada vez que intentamos algo se nos abren una cantidad de posibilidades, de aprendizajes y de oportunidades de expresarnos y crearnos a nosotras mismas.

Desde la primera vez que “tomamos prestada” ropa del closet o los gaveteros de mamá, hasta la perdida de nuestra virginidad vestidas de chicas, pasando por la primera foto, la primera salida o la primera vez que alguien más nos vio ataviadas como la chica que somos; es incontable la cantidad de primeras oportunidades que vivimos o deseamos vivir.

Y no hace falta ser nuevas en esto del travestismo para encontrar cosas que nunca hemos intentado antes; yo misma hace poco, he estado viviendo una serie de aventuras que antes no había experimentado. Mas gente que conocer, y hasta bailar con un hombre por primera vez o mi primera sesión de fotos con una profesional, la cantidad de cosas novedosas que me han pasado, que he hecho o que deseo hacer crece por día, y discúlpenme si no cuento más, pero hay cosas que quedan para la intimidad. Recuerden que si los caballeros no tienen memoria, las damas no tenemos historia, jajajajaja.

Pero no hay que ir muy lejos, ni muy rápido para tener experiencias frescas. Como siempre digo, cada una a su ritmo y a su paso; seguro que cada una de nosotras, tiene mil cosas que intentar dentro de su alcance posible y mil primeras veces que vivir, desde las cosas más simples y cotidianas, hasta intrincados descubrimientos de nosotras mismas, cada cosa nueva es un mundo nuevo para quien lo vive.

Y si esas primeras veces llegan a la intimidad, pues el descubrimiento de una misma sólo lo limita una misma, mientras sea sano, consensual y cuerdo, estaremos a las puertas de vivir cosas que nunca antes pensamos. Pero no toda primera vez es sexual, recuérdalo amiga.

Imagínate probar un color nuevo de labial, puede parecer algo muy banal para el mundo, pero tú y yo sabemos que no es así, un nuevo atuendo o esperar que el correo traiga el pedido que hiciste a una tienda para chicas como nosotras, conocer a otra chica travesti o tomarte la primera foto de cuerpo entero, contarle a una amiga de tu secreto o probar los primero pasos es los tacones más altos en los que te hayas subido nunca, tu sabes de que hablo, cuando de primeras veces se trata, todas son un descubrimiento.

La vida está hecha de primeras veces y tú puedes construir la tuya como lo desees.

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Entrada #18: Me huele a mujer

Srta Shar - Entrada 18

Me vio depilada, me leyó las intenciones y me dijo “me huele a mujer”.

No siempre es bueno cuando alguien puede leerte como un libro abierto, cuando te haces evidente a alguien más en tus acciones e ideas, cuando perderías todas tus fichas en la partida por que te conocen demasiado bien, pero siempre hay excepciones.

Mis más cercanas, son más que amigas, son hermanas; ellas han aprendido a verme por lo que soy y no lo que aparento, a darle la debida importancia a cada lado de mi existencia, al “él” y a la “ella”, a saber a respetar, a compartir y a amar cada versión de mí.

Mi cuñada, mi otra hermana, me sorprendió al “leerme” como si lo tuviese escrito en la cara. Cuando notó que estaba depilada de pies a cabeza luego de muchos meses, me miró y me dijo “Mmm aquí me huele a mujer” y no contenta con eso, luego de contarle nuestros planes de visitar a una de esas amigas que conocen todo sobre mí, me ofreció “¿Te ayudo? ¿Necesitas que haga algo?”, todo para hacer más fácil y feliz mi nueva aventura al mundo de lo femenino.

La misma noche, ya en nuestro destino, mi esposa y yo estábamos sentadas con nuestra queridísima cómplice y confidente, pero aun vestida de chico; los nervios me atacaban por volverme a “montar” y mi amiga sintiéndolo en mí, sólo me dijo “creo que ya es hora que vayas a arreglarte”, mi esposa me tomó de la mano y juntas fuimos a iniciar la transformación. Esta amiga en particular, nunca me trata de chico, para ella soy Shar sin comportar como vista, nunca tiene que lidiar con mi lado masculino, salvo en contadísimas ocasiones en público, y ya ha aprendido a conocerme como se conocen las amigas de verdad, sólo una mirada, un gesto o una palabra y sabe lo que pienso y siento.

Son mujeres con las que no me gustaría jugar al póker, pero me encanta que haya llegado a conocer a Sharom tan bien, así como se conoce a una hermana o mejor amiga. No hay secretos porque mi mayor secreto lo conocen de sobra, no ha necesidad de engañar ni de fingir, le dejamos eso al resto de mundo que no sabe cuánto unen las confidencias a las chicas.

Que te conozcan, te entiendan y te traten como quien eres, que puedan anticiparse a lo que vas a decir o quieres hacer, que les alegren tus alegrías y te acompañen en tus tristezas, es de valor incalculable para quienes tenemos una vida escondida.

Cuando ella dijo “me huele a mujer”, sabía muy bien de lo que hablaba.

Entrada #17: Lingerie, femenina de adentro hacia afuera

Shar 26 - Sesión (16-02-12)

Hay intimidades que te hacen sentir femenina desde la piel hacia afuera.

La emoción es trepidante, cuando estas desnuda y vulnerable, lista para embarcarte en la aventura de transformarte en tu ser femenino. Vas al cajón de la ropa íntima y al abrirlo, un arcoíris multicolor te asalta, los materiales, los estilos y las sensaciones son sobrecogedoras, piensas muy bien que chica quieres ser. ¿La chica sensual de la tanga roja? ¿La muñeca coqueta del cachetero fucsia? ¿La gatita del hilo verde brillante? ¿O la dama seductora del bikini color perla? Las posibilidades son tan infinitas como tu imaginación.

Es el primer paso, el primer fetiche que acerca a un chico a su lado femenino, las pantaletas robadas a mamá, el brassier mal puesto en la habitación o las medias que tientan asomadas en la gaveta. El ponerse esas primeras prendas te abren las puertas a un mundo que nunca pensó, todas comenzamos así, a todas nos seduce el encanto de la lingerie, ninguna con un alma femenina puede resistirse a su llamado.

Cuando comenzamos a crecer en nosotras mismas y nos atrevemos a adquirir nuestras primeras cositas, en el 99% de los casos, esas primeras compras son de lencería. Nos mata el miedo y los nervios, entrar a esa tienda es un paso atemorizante, el comenzar a revisar entre los anaqueles y aparadores, se nos acerca una vendedora y usamos las típicas mentiras de “son para mi esposa”, “es para un regalo” o “quiero algo sexy para que ella se lo ponga para mí”. Pero una vez adentro, lo que nos interesa es comprar algo y llevarle ese regalo a nuestra chica interior. Esa prenda es preciosa, porque es femenina, porque es intima, porque es nuestra.

¡Hasta irse a dormir es una experiencia sensoria indescriptible cuando se hace en lingerie! Irse a la cama en un negligé, un babydoll o un romántico teddy, lo cambia todo. Te sientes sensual, femenina, coqueta, divina y no te querrás dormir, solo por disfrutar la sensación.

La lencería te permite seducirte a ti misma y si estas con alguien más, seducirl@ también. Es la última barrera entre el mundo y tu desnudes, pero también es la primera conexión entre tú y tu femineidad, con ella puedes ser ángel o demonio, loba o cordero, seductora o seducida, ama o esclava.

La maravilla de los encajes y las sedas, el satén y las transparencias, los corsets, los ligueros, brassieres, panties, camisolas y ropa de dormir, es algo reservado para el alma femenina que lo sabrá disfrutar, apreciar y vivir al máximo.

Con lingerie, eres femenina desde la piel.

Entrada #16: Divas “hágalo usted misma”

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Nadie nos enseñó, somos divas hechas por nosotras mismas.

A la edad que muchas niñas comienzan a aprender sobre ropa, maquillaje, andar en tacones y cómo comportarse, nosotras dábamos también, nuestros primeros pasos en femineidad, a solas…

Con el tiempo hemos aprendido a ser y a hacer, nos las vimos cuesta arriba con eso de aprender los más finos detalles de lo femenino y por pura observación y ensayo/error nos educamos en nuestra pasión. Caminar en tacones, maquillarse, combinar un atuendo o como carambas abrocharse el brassier por detrás, fueron tareas que tuvimos que intentar una y otra vez antes de hacerlo pasablemente bien.

Si eres como yo, de las chicas pre-internet, de antes de los tutoriales de youtube y previas a las webcam, la falta de información era insoportable, no podías simplemente llegarte a alguien conocido y preguntarle “¿Cómo hago para que la línea del creyón de ojos me quede derecha?” o “¿Esta falda se ve bien con esta blusa?”.

Pero amigas hermosas, nos crecimos ante la adversidad, nos destacamos en la soledad de nuestra habitación, nos hicimos más bellas y más femeninas por merito propio, iniciamos el proceso de conocer amigas y a enterarnos que no estábamos solas en este mundo de luces y sombras, comenzamos a compartir consejos y experiencias, empezamos a tomar tímidas fotos para que las demás nos dieran su opinión, poco a poco nos creamos a nosotras mismas bajo nuestras propias reglas, nuestras propias fantasías, nuestras propias ideas de cómo debe ser lo femenino.

Con la tecnología y la tolerancia, llegaron, llegan y llegarán nuevas posibilidades, mayor aceptación de nosotras mismas y de otr@s a nuestro alrededor, podemos compartir curiosidades, miedos y esperanzas, hay libros, vídeos, foros y páginas dedicadas a nosotras en internet, donde podemos aprender y guiar nuestros esfuerzos de experimentación, no estamos solas, nunca lo estuvimos, es sólo que ahora es más fácil darse cuenta.

Podemos ahora ayudar a nuestras hermanas menores -en edad o experiencia- mientras seguimos aprendiendo. Cuando en la tienda hago alguna asesoría online, me encanta invitar a las chicas a usar lo que les decimos como punto de partida para su propia experimentación, como el primer escalón de una escalera que se sube sola, pero apoyada, cuidada, protegida y educada, por las experiencias de todas, por las catástrofes y los éxitos de cada una, para llegar donde deseemos llegar.

Ese es el punto de ser una chica a la medida, una diva hecha por nosotras mismas.

Entrada #15: Me he llamado Lujuria

Srta Shar - Entrada 15

Aunque ese no es mi nombre, me he llamado Lujuria más de una vez.

Me encanta provocar pasiones, me encanta apasionarme, me encanta que la pasión me consuma. El deseo visceral por algo o alguien es una de las razones por las que vivo, el gusto orgánico por placeres de cualquier tipo, por la comida, el sexo, la música, las artes, la gente, la compañía, la vida; son motivos más que suficientes para vivir una existencia que valga la pena.

Esta pasión por la vida y por cada cosa que la vida trae, nos recuerda que no sólo somos pasajeros, somos protagonistas y que cada cosa que somos es especial. En nuestro caso señoritas, que si nos gana lo femenino, que si preferimos que nos traten de “ella”, que si dormimos mejor en babydoll o si algunos días de la semana no queremos ver a nadie porque tenemos cosas más “importantes” qué hacer con nosotras mismas, pues que son esas cosas, las que con más pasión deberíamos vivir.

Ya a solas, con ese alguien especial que nos disfruta como somos, o con nosotras mismas como amantes, nuestro placer y desenfreno nos pertenece a nosotras y a con quien nosotras queramos compartir. Sentir que nos quitan la ropa, o casi toda, pues yo por mi parte me apego al dicho travesti que una vez escuche, “una travesti de verdad, nunca está completamente desnuda”, así que al menos mis tacones y brillo de labios llevo, y normalmente hasta más. Sentir que nos acarician y nos llaman por nuestros nombres femeninos –aunque sean nuestras propias manos que nos toquen y nuestras propias voces que nos llamen-,  saber cómo nos llena el orgasmo y como nos sobrecoge el deseo, morir un poquito para luego revivir en esa brumosa sensación de pechos agitados y labios y ojos entreabiertos, si esos no son síntomas de lujuria, entonces no se que son.

Dar vueltas en el lecho, o el baño, o la alfombra, o el sofá, o donde nos agarre el placer; pasarse horas vistiéndose para perder las ropas en una apuesta que no queremos ganar, emocionarse sabiendo lo que vendrá, pero saboreando los momentos antes que llegue, ese es el combustible de mis fantasías, de mis momentos a solas, de mi carne y mi espíritu.

La lujuria no es sólo sexo, pero es tratar como si fuera sexo a todo lo demás. Es sentir pasión y deseo por cada cosa que haces y cada emoción que te llena, es entregarse con los ojos bien abiertos a sentir.

Por eso, me he llamado Lujuria más de una vez, y firmo ese nombre como si fuera mío.

Entrada #14: Pequeños placeres

Srta Shar 14

Disfrutar de las pequeñas cosas es lo que hace maravilloso el día a día.

La sensación cremosa de labial sobre tus labios cubriéndolos de tu color favorito, la tirantez de los tacones que tensan tus piernas y cambian tu postura, lo divino de cruzar las piernas cubiertas por medias, el sedoso cabello largo sobre los hombros, el cascabeleo de los zarcillos, pulseras y collares; pequeños detalles, pequeñas victorias y fugaces momentos que valen oro para una travesti, para todas las travestis, especialmente las de closet que le robamos minutos al reloj para disfrutar nuestra femineidad.

Nuestros rituales son mágicos y nuestras aventuras tan peligrosas y excitantes como saltar al vacío, nuestras escapadas tan atrevidas como las del ladrón que rompe leyes, y somos adictas a esta femineidad que nos consume.

Salir y tan sólo mirar vidrieras es una emoción indescriptible, fijarnos en la ropa que usan las mujeres a nuestro alrededor un placer inconfesable, entrar en territorios prohibidos, como una tienda de ropa íntima o dejarnos llevar por nuestros pasos a la sección de damas de un almacén sólo para estar rodeadas de aquellos hermosos vestidos y faldas, es como traspasar líneas enemigas queriendo desertar a una nueva patria. La emoción de ser travestis, crossdressers, feminofilas, como nos quieran llamar, es nuestra droga y nuestro deporte extremo.

Todas queremos tener el chance de reunirnos con otras chicas como nosotras, y admiramos a aquellas que lo han logrado. Las que damos esos pasos, queremos más, porque la femineidad es un animal hambriento, una hembra feroz que mientras más le das más desea, y para nosotras es un placer ceder a sus deseos.

El olor del delicado perfume en nuestra nuca y muñecas, las horas de máxima concentración aplicando el maquillaje, cuidando cada detalle para sentirnos bellas, deseables, sensuales. El roce de la suave tela del vestido al subir por las piernas o lo definitivo de la cremallera cuando termina de subir, encerrándonos en ese maravilloso capullo de femineidad que nos abraza sutil pero implacablemente. Las decenas, no, cientos, que miles de fotos que guardaremos celosamente del ojo público pero que son nuestra posesión más preciada, porque son la prueba, de que al menos por unos minutos, pudimos dar rienda suelta a nuestra otra realidad, a nuestra alma de fémina.

Cada mínima pieza de ese divino engranaje, cada olor, cada textura, cada imagen y cada sensación se reúnen para dar vida a nuestro otro yo, a nuestro lado más dulce y mujeril, permitirle la existencia a la otra mujer en nuestras vidas, nosotras mismas.

Cada día, envueltas en femineidad, se hace de pequeños placeres.

Entrada #13: Me amo, me acepto

Srta Shar 13

La aceptación empieza desde adentro.

Hace algunas entregas hablábamos de que cada quien tiene un closet único y su propia forma de salir de él; ahora, espero me permitan llevar eso al campo de la auto aceptación. Aceptarse es estar content@ con un@ mism@, es saber quién debemos ser y eso está más allá de cualquier closet o de la opinión de terceros.

Mi principal problema con aceptarme como Sharom no fue sexual, no fue de miedo ni de culpa (aunque todos esos factores siempre están presentes en nuestro proceso), sino que fue cosa de descubrir para que estaba mi yo femenino en el mundo. Siempre tuve claro mi papel masculino sobre la tierra, pero como mujer me sentía que había algo más que el placer y esa sensación tan buscada de paz y de encajar mejor.

En mi búsqueda, encontré que como chica, me pasaba lo mismo que como chico, en ambas facetas soy inquieta, me gusta aprender, utilizar y aplicar lo que se. Así que decidí permitirme expresar como Shar. Comprendí que no todas tienen la facilidad de contar con una esposa como la mía que las lleve de compras o les enseñe a maquillarse o a ser más femeninas, así que me decidí a ayudarlas y junto con mi bella Gaby, creamos la primera tienda online para travestis de Venezuela, esto nos ha dado todas las satisfacciones del mundo, nos ha regalado maravillosas amigas y experiencias impagables, pero aún más, me ha permitido darle un sentido a ser Sharom, más allá de ser femenina y querer verme linda; también tuve la idea de escribir y crear este blog para compartir con ustedes mi visión de la vida, y rodearme de tanta gente maravillosa como pudiera.

No quiero decir con esto que para aceptarse haya que montar un negocio o que sea cuestión de dinero, para nada. El significado de producir cambia de una a otra, escribir, pintar, cocinar, ayudar a otros o simplemente dejar que tu lado femenino permee sobre tu vida puede ser un gran logro.

Muchas de las que estamos casadas (nuestras esposas lo sepan o no), estamos de acuerdo en que ser mujeres, nos ha ayudado a ser mejores hombres, a entender mejor a nuestras parejas y a hacerles la vida más agradable, eso es una maravillosa forma de empezar. Si no, ¿Cuántas de nosotras hemos aprendido a caminar más lento para no dejar rezagada a nuestra chica que anda en tacones? ¿O hemos aprendido a quejarnos menos por esperar a que nuestra chica se arregle, si nosotras mismas sabemos cuánto tiempo se lleva?

Usar nuestra femineidad para aplicarla a nuestros conocimientos o disciplinas puede también funcionar maravillosamente, nos permite ser libres, creativas y ver las cosas desde otro punto. En nuestras relaciones interpersonales, ser femeninas puede ser una gran carta a jugar que nos regalará una perspectiva especial ¡Somos tan afortunadas!

El estar aquí, el ser como somos tiene mucho más que ropa, maquillaje y actitud. Es más que placer, sexo o coquetería. Somos personas, tenemos mucho que ofrecer. Disfrutemos de todo, de los aspectos mundanos y los no tan terrenales, divirtámonos chicas, pero recordando que si queremos ser tratadas como personas, debemos ser completas como personas.

No quiero que suene a discurso, pero aceptarse comienza desde adentro.