Entrada #24: Recuerdo cuando era niña

Srta Shar - Entrada 24

Recuerdo cuando era niño y me di cuenta que también era niña

Me visto de mujer desde los 12 años, una mezcla fatal de mucho tiempo sola en casa, aburrimiento, alma femenina, demasiadas curiosidad y un conjunto de babydoll azul celeste con string bikinis a juego en la gaveta abierta de la ropa íntima de mi mamá

Siempre fui apasionada de la ropa de chicas, siempre me pregunte que se sentiría, las cintura ajustada y los zapatos con tacones altos, tener pechos o llevar pinturas en la cara, era algo tan intrigante para mi inquieta cabecita pre adolescente, como un rompecabezas que no era mí, ni tenía idea de cómo se armaba, pero que no podía soportar ver desarmado. Me urgía descubrir que pasaba más allá de la ropa aburrida que los hombres se ven forzados a llevar.

Por aquella época tuve mi primer y único sueño húmedo, por supuesto involucraba soñarme vestido con ropa de mujer, me levante avergonzado de cómo mi cuerpo me había traicionado a cambiar sábanas y darme un baño de media noche, para borrar las evidencias de aquel “accidente”. Pero entonces, la curiosidad se convirtió en algo más fuerte, era posesa del deseo de saber porque las mujeres se tardaban tanto vistiéndose y que se sentía llevar un brassier

Muchas veces estuve cerca, hasta que me descubrieron, y gracias a que en ese momento descubrí lo buena mentirosa que puedo ser si hace falta (aunque no me gusta mentir), no hubo problemas mayores. Tuve momentos de disfrute increíble, momentos de culpa terribles; hice mil promesas de nunca volver a vestirme, que se rompían en el momento que la casa se quedaba sola y tenía a mi disposición el closet de mi mamá, closet que yo conocía mejor que ella, ya que combinaba la ropa en maneras que ella nunca hubiese pensado. Me hice experta en sus tacones y en su maquillaje, tanto que en bachillerato sabía más de ropa, maquillaje y andar en tacos altos, que cualquier compañera de clases, es una lástima que nunca se lo pude echar en cara a las que me trataban mal

Mi forma de aprender fue doloras y basada en el ensayo y error, sin YouTube, sin siquiera internet, sin amigas cercanas, ni nadie a quien contarle, tuve que aprender viendo e imaginándome por mi misma como se hacía cada cosa. Uno de los momentos más horribles, fue cuando me dio curiosidad por pintarme las uñas; sabía dónde mi madre guardaba su kit de manicure y sus pinturas, elegí un rosa fuerte precioso, me lo apliqué con toda la paciencia del mundo y me encantó el resultado. Cuando comenzó a acercarse la hora del regreso de mis padres, en mi ignorancia creí poder lavar la pintura de mis uñas con agua y jabón, idea que se hizo añicos tras el intento, desconociendo yo el uso del quitaesmalte, recurrí a frotarme dolorosamente con una esponja hasta que mis dedos sangraron y la última molécula de esmalte dejó mis uñas. Cuando días después descubrí las bondades de la acetona, todo se hizo claro para mí.

Esa es sólo una de las anécdotas de mis inicios en el mundo de la femineidad, de mi entrada al mundo de rosa y encaje.

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Entrada #20: Háblame al oído

Srta Shar - Entrada 20

Si quieres derrumbar mis defensas, háblame al oído.

Las palabras siempre han encendido mi hoguera, las frases correctas, dichas de la manera correcta, pueden hacer hervir mi sangre y despertar cada bajo instinto que guardo bajo mi piel.

Mis fantasías se repiten una y otra vez en mi cabeza, alguien las narra para mí, me acarician con la sensualidad de una mano desconocida  y me llevan a lugares de los que no quiero regresar hasta visitar la tierra del orgasmo. Si me cuentas la fantasía indicada puedes hacerme vivirla y despertar la gata en celo que guardo, la tigresa que habita en mí, la pecadora que se oculta entre las faldas de la niña buena.

Esta pasión por las palabras, me ha llevado a buscar entre los confines de las prácticas sexuales, filias, parafilias y modos de vida que puedan hacerme arquear la espalda y gemir contra la almohada. He descubierto tanto y tanto de cómo se pueden usar las ideas, los textos y la voz para despertar el deseo en el otro o la otra, que me he hecho adicta de ese orgasmo oral que se convierte en explosión que baja de la boca del estomago, hace girar la pelvis y pone mis manos justo allí, para llevarme al país de nunca jamás.

Se sobre convertir insultos en cumplidos, conozco sobre fantasías escritas a cuatro manos, sobre la importancia de quien dice qué, sobre los juegos de roles y sobre esos detalles que casi nadie conoce, sobre cómo me gusta que me digan en la intimidad.

Con voces y frases nos pintamos el placer, con palabras nos desnudamos a pesar de estar vestidas, jugamos sin que nadie se entere y nos hacemos esclavas del deseo y de esos maravillosos pecados que no se pueden confesar…. A menos que se confiesen en susurros a un oído deseoso de escuchar.

Tumbarás mis paredes con tus palabras y para poseerme, háblame al oído.

Entrada #17: Lingerie, femenina de adentro hacia afuera

Shar 26 - Sesión (16-02-12)

Hay intimidades que te hacen sentir femenina desde la piel hacia afuera.

La emoción es trepidante, cuando estas desnuda y vulnerable, lista para embarcarte en la aventura de transformarte en tu ser femenino. Vas al cajón de la ropa íntima y al abrirlo, un arcoíris multicolor te asalta, los materiales, los estilos y las sensaciones son sobrecogedoras, piensas muy bien que chica quieres ser. ¿La chica sensual de la tanga roja? ¿La muñeca coqueta del cachetero fucsia? ¿La gatita del hilo verde brillante? ¿O la dama seductora del bikini color perla? Las posibilidades son tan infinitas como tu imaginación.

Es el primer paso, el primer fetiche que acerca a un chico a su lado femenino, las pantaletas robadas a mamá, el brassier mal puesto en la habitación o las medias que tientan asomadas en la gaveta. El ponerse esas primeras prendas te abren las puertas a un mundo que nunca pensó, todas comenzamos así, a todas nos seduce el encanto de la lingerie, ninguna con un alma femenina puede resistirse a su llamado.

Cuando comenzamos a crecer en nosotras mismas y nos atrevemos a adquirir nuestras primeras cositas, en el 99% de los casos, esas primeras compras son de lencería. Nos mata el miedo y los nervios, entrar a esa tienda es un paso atemorizante, el comenzar a revisar entre los anaqueles y aparadores, se nos acerca una vendedora y usamos las típicas mentiras de “son para mi esposa”, “es para un regalo” o “quiero algo sexy para que ella se lo ponga para mí”. Pero una vez adentro, lo que nos interesa es comprar algo y llevarle ese regalo a nuestra chica interior. Esa prenda es preciosa, porque es femenina, porque es intima, porque es nuestra.

¡Hasta irse a dormir es una experiencia sensoria indescriptible cuando se hace en lingerie! Irse a la cama en un negligé, un babydoll o un romántico teddy, lo cambia todo. Te sientes sensual, femenina, coqueta, divina y no te querrás dormir, solo por disfrutar la sensación.

La lencería te permite seducirte a ti misma y si estas con alguien más, seducirl@ también. Es la última barrera entre el mundo y tu desnudes, pero también es la primera conexión entre tú y tu femineidad, con ella puedes ser ángel o demonio, loba o cordero, seductora o seducida, ama o esclava.

La maravilla de los encajes y las sedas, el satén y las transparencias, los corsets, los ligueros, brassieres, panties, camisolas y ropa de dormir, es algo reservado para el alma femenina que lo sabrá disfrutar, apreciar y vivir al máximo.

Con lingerie, eres femenina desde la piel.