Entrada #25: El diálogo interno

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¿Cuando conversas contigo misma, que tan honesta puedes ser?
Luego de haber puesto de lado este blog por un par de meses, para arrancar mi programa de radio, “Bajo Mi Falda, con Sharom Nadine“, siento que ya este puede mantenerse en pie por sí mismo, por lo que creo que es momento de regresar a mi primer amor, escribir estas líneas que me exponen y me desnudan de la forma más maravillosa ante ustedes, quienes leen. Tomando en cuenta eso, hace unos días me topé con una imagen que pueden ver aquí, en ella se describía la conversación interna de una chica travesti, y la negociacion a la que se somete una misma, para saciar esta sed por lo femenino ante la “vida real” que se lo prohibe.
Una querida amiga me pidió que le contara uno de los tantos diálogos que he tenido conmigo misma, una de esas tantas charlas entre mi mujer interna y el hombre que la ama, pero que debe salir a enfrentar el mundo. Este es el resultado:
Hombre: – Ya nena, tenemos que cambiarnos, se va a hacer la hora de salir
Shar: – ¡Ay, ya va! ¡Pero mira lo lindas que nos quedaron las uñas! Y esa nueva técnica de smokey en los ojos se nos ve fantástica, vamos disfrútalo, sabes que te encanta tanto como a mí.
Hombre: – Si, es verdad, quedó hermoso, pero en un rato tenemos que salir, y no podemos ir así.
Shar: – ¿Pero, por qué no? Si estamos divinos, este vestdo nuevo me va precioso, o quieres que nos pongamos la falda lápiz y la blusa color crema, es más de vestir…
Hombre: – Sabes que no se trata de eso, no podemos ir vestidos de mujer, es una reunión familiar.
Shar: – ¿Y qué? ¿Acaso tus primas se van a poner celosas con la competencia? ¿Sus novios te van a mirar más de la cuenta? ¿Qué importa? ¿Tu les debes algo a ellos? ¿Ellos te felicitan cuando haces algo bien, te buscan para algo, te pagan la ropa, el maquillaje, los tacones? ¿No? Pues, que no opinen.
Hombre: – Tu tienes razón nena, pero están papá y mamá…
Shar: – ¡Eso no se vale! No puedes seguir jugando la carta de papá y mamá.
Hombre: – No quiero causarles dolor, ellos han sido mi fuerza todos estos años, han estado conmigo en los peores momentos, sin reclamarme, sin echarmelo en cara.
Shar: – ¿Pero y tú? ¿Y nosotros? ¿Y estas ganas de taconear fuera de este cuarto, de llegar y mostrarte como eres, como somos, como lo sabe el espejo?
Hombre: – Vamos nena, no lo hagas más difícil, tu sabes que por mi lo haría, pero no quiero hacer daño…
Shar: Si, lo se.. lo siento, es que se sienten tan bien las medias, y oler rico, y los tacones…
Hombre: – Si, así es, se siente muy bien… pero… ¿y si hacemos algo?
Shar: – ¿Que propones?
Hombre: – Déjate las medias, los ligueros y las panties, las llevamos bajo el pantalón…
Shar: – !Siiii! ¿Y el brassier?
Hombre: – No, eso no. Se notaría mucho bajo la camisa.
Shar: – Ok, OK.. pero al llegar nos vestimos de nuevo, y nos tomamos fotos.
Hombre: – Está bien, lo que tu quieras… ¿Mejor?
Shar: – Si, un poco, pero aún sigo brava.
Hombre: – ¿Y si el sábado vamos a ver vidrireras? Quien sabe si compramos algo bonito…
Shar: – Bueno, así si… pero vamos a quedarnos vestidos un ratico más, solo 10 minutos, ¿si? Para probarme la blusa nueva que compramos…
Hombre: – De acuerdo, pero solo 15 minutos, diré que tuve problemas con el carro, que por eso llegamos tarde.
Shar: – ¡Yayyyyy!

Nunca se es más honesta, que cuando se habla con uno mism@

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Entrada #24: Recuerdo cuando era niña

Srta Shar - Entrada 24

Recuerdo cuando era niño y me di cuenta que también era niña

Me visto de mujer desde los 12 años, una mezcla fatal de mucho tiempo sola en casa, aburrimiento, alma femenina, demasiadas curiosidad y un conjunto de babydoll azul celeste con string bikinis a juego en la gaveta abierta de la ropa íntima de mi mamá

Siempre fui apasionada de la ropa de chicas, siempre me pregunte que se sentiría, las cintura ajustada y los zapatos con tacones altos, tener pechos o llevar pinturas en la cara, era algo tan intrigante para mi inquieta cabecita pre adolescente, como un rompecabezas que no era mí, ni tenía idea de cómo se armaba, pero que no podía soportar ver desarmado. Me urgía descubrir que pasaba más allá de la ropa aburrida que los hombres se ven forzados a llevar.

Por aquella época tuve mi primer y único sueño húmedo, por supuesto involucraba soñarme vestido con ropa de mujer, me levante avergonzado de cómo mi cuerpo me había traicionado a cambiar sábanas y darme un baño de media noche, para borrar las evidencias de aquel “accidente”. Pero entonces, la curiosidad se convirtió en algo más fuerte, era posesa del deseo de saber porque las mujeres se tardaban tanto vistiéndose y que se sentía llevar un brassier

Muchas veces estuve cerca, hasta que me descubrieron, y gracias a que en ese momento descubrí lo buena mentirosa que puedo ser si hace falta (aunque no me gusta mentir), no hubo problemas mayores. Tuve momentos de disfrute increíble, momentos de culpa terribles; hice mil promesas de nunca volver a vestirme, que se rompían en el momento que la casa se quedaba sola y tenía a mi disposición el closet de mi mamá, closet que yo conocía mejor que ella, ya que combinaba la ropa en maneras que ella nunca hubiese pensado. Me hice experta en sus tacones y en su maquillaje, tanto que en bachillerato sabía más de ropa, maquillaje y andar en tacos altos, que cualquier compañera de clases, es una lástima que nunca se lo pude echar en cara a las que me trataban mal

Mi forma de aprender fue doloras y basada en el ensayo y error, sin YouTube, sin siquiera internet, sin amigas cercanas, ni nadie a quien contarle, tuve que aprender viendo e imaginándome por mi misma como se hacía cada cosa. Uno de los momentos más horribles, fue cuando me dio curiosidad por pintarme las uñas; sabía dónde mi madre guardaba su kit de manicure y sus pinturas, elegí un rosa fuerte precioso, me lo apliqué con toda la paciencia del mundo y me encantó el resultado. Cuando comenzó a acercarse la hora del regreso de mis padres, en mi ignorancia creí poder lavar la pintura de mis uñas con agua y jabón, idea que se hizo añicos tras el intento, desconociendo yo el uso del quitaesmalte, recurrí a frotarme dolorosamente con una esponja hasta que mis dedos sangraron y la última molécula de esmalte dejó mis uñas. Cuando días después descubrí las bondades de la acetona, todo se hizo claro para mí.

Esa es sólo una de las anécdotas de mis inicios en el mundo de la femineidad, de mi entrada al mundo de rosa y encaje.

Entrada #22: Doble vida

Srta Shar - Entrada 22

Mi vida es doble y hasta triple.

Todos en la vida usamos varios sombreros, padres, hijos, hermanos, trabajadores, subordinados, esposos, vecinos; pero las mujeres travestis además de estos usamos otros sombreros más, más coquetos y lindos, más vistosos y llamativos, aunque nadie los vea.

Cuando llega el tiempo de cerrarle la puerta a nuestro día común, le abrimos el closet a la fantasía, es allí donde nuestros otros roles salen a vestirse de falda y tacones, a maquillarse los ojos y a rellenarse los pechos. Es allí cuando nos convertimos en esas otras “yo” (que no es una, que son muchas), allí somos damas, niñas, mujeres, perras, diosas, modelos de pasarela, guerreras, amantes, divas, putas, señoritas, muñecas, princesas y mucho más.

Nuestra doble vida se multiplica, se hace muchas, se abre a toda una nueva serie de roles que muchas veces escondemos unos de otros; y muchas veces quien nos conoce como una, no nos conoce como otra.

De esta manera las vidas se duplican, se triplican, se hacen muchas, tantos como atuendos en un closet, y es que algo tiene esto de la doble vida, esto del secreto que se comparte con otros en las mismas situaciones, esto de que haya códigos y secretos acuerdos de no revelar al “mundo real”, quienes somos realmente.

Hace poco, después de leer una entrega de esta columna, una de las personas que más quiero y cuya opinión más me importa me felicitó y me dijo “estoy muy feliz por ti, me encanta que estés brillando tanto con tu personalidad real“, porque para ella, está es quien soy realmente, mi “otro yo“, es el disfraz, es la careta, es mi otra personalidad, y pues, debo decir que me encantó, me vuelve loca de felicidad que sea así, porque así quiero que me vea, para ella soy Sharom, para mis amigas, mis hermanas, para los chicos y chicas que me suben el ego con sus piropos, para ellos y ellas, esta soy yo, la de verdad ¡Qué feliz me hace!

Y así es como la doble vida, se triplica, se multiplica y aún sigo siendo yo.

Entrada #21: ¿Será que soy machista?

Srta Shar - Entrada 21

¿Será que soy machista por mi amor a la femineidad tradicional?

Las travestis tenemos una relación con lo femenino que es de absoluta adoración y entrega, los roles típicamente femeninos, son los que más nos invitan y nos encienden, los que más nos atraen y nos enloquece copiar, pero ¿Podríamos por esa razón estar cometiendo el horrible pecado del machismo?

Cada quien tiene una interpretación propia de lo que es femenino y masculino, y más aún de lo que es apropiado o no, de lo que es irrespetuoso o de lo que puede ser insultante. Yo estoy segura que entre mis amigas y hermanas nunca ha existido la intención más que de adorar el rol de la mujer, su importancia y su valor para todas nosotras.

Lo que hemos aprendido de la femineidad y de ser mujeres lo hemos aprendido de nuestro alrededor, de nuestras madres, amigas y hermanas, conocidas e iconos que aprendimos a amar e imitar, son los roles que relacionamos con el ser una chica, con la delicadeza, la belleza, la inteligencia, la fuerza y la emotividad de las féminas que adoramos.

Pueden verse quizá como clichés, como copias básicas, pero va mucho más allá. Se trata de la manera que aprendimos a ver lo que es y lo que queremos llegar a ser, además, por seguro que esta apreciación irá cambiando y creciendo, haciéndose más compleja y profunda conforme vayamos creciendo en nosotras mismas como seres femeninos. Así como las niñas pequeñas comienzan su camino imitando a mami, nosotras comenzamos guiándonos por las mujeres en nuestra vida, aprendiendo de ellas, y con ellas, a amar el maravilloso universo que nos ha sido negado por la biología.

Por otro lado, cuando desarrollamos nuestra propia identidad como travestis, buscamos alejarnos lo más posible del papel que actuamos en el día a día. Queremos crear una nueva identidad y un nuevo disfrute de lo que nos rodea, aprender a apreciar las cosas del modo en que sentimos como lo haría una mujer, aprender a ver todo con nuevos ojos y basadas en lo que aprendimos de las mujeres que hemos conocido.

No creo que seamos machistas por disfrutar tanto los roles femeninos, siento que es un homenaje y una muestra de apreciación por esas figuras que nos marcaron de por vida. Nuestra propia concepción de la femineidad, nos invita a vivir esa otra vida, ese deseo íntimo y personal de conocer a la chica que habita en nuestro interior.

Machista sería no respetar el valor y la importancia de la mujer, eso para una travesti que se ame y respete su femineidad, sería impensable e imperdonable.

No es machista querer ser tradicionalmente femenina, es un honor ser esa persona.