Entrada #22: Doble vida

Srta Shar - Entrada 22

Mi vida es doble y hasta triple.

Todos en la vida usamos varios sombreros, padres, hijos, hermanos, trabajadores, subordinados, esposos, vecinos; pero las mujeres travestis además de estos usamos otros sombreros más, más coquetos y lindos, más vistosos y llamativos, aunque nadie los vea.

Cuando llega el tiempo de cerrarle la puerta a nuestro día común, le abrimos el closet a la fantasía, es allí donde nuestros otros roles salen a vestirse de falda y tacones, a maquillarse los ojos y a rellenarse los pechos. Es allí cuando nos convertimos en esas otras “yo” (que no es una, que son muchas), allí somos damas, niñas, mujeres, perras, diosas, modelos de pasarela, guerreras, amantes, divas, putas, señoritas, muñecas, princesas y mucho más.

Nuestra doble vida se multiplica, se hace muchas, se abre a toda una nueva serie de roles que muchas veces escondemos unos de otros; y muchas veces quien nos conoce como una, no nos conoce como otra.

De esta manera las vidas se duplican, se triplican, se hacen muchas, tantos como atuendos en un closet, y es que algo tiene esto de la doble vida, esto del secreto que se comparte con otros en las mismas situaciones, esto de que haya códigos y secretos acuerdos de no revelar al “mundo real”, quienes somos realmente.

Hace poco, después de leer una entrega de esta columna, una de las personas que más quiero y cuya opinión más me importa me felicitó y me dijo “estoy muy feliz por ti, me encanta que estés brillando tanto con tu personalidad real“, porque para ella, está es quien soy realmente, mi “otro yo“, es el disfraz, es la careta, es mi otra personalidad, y pues, debo decir que me encantó, me vuelve loca de felicidad que sea así, porque así quiero que me vea, para ella soy Sharom, para mis amigas, mis hermanas, para los chicos y chicas que me suben el ego con sus piropos, para ellos y ellas, esta soy yo, la de verdad ¡Qué feliz me hace!

Y así es como la doble vida, se triplica, se multiplica y aún sigo siendo yo.

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Entrada #17: Lingerie, femenina de adentro hacia afuera

Shar 26 - Sesión (16-02-12)

Hay intimidades que te hacen sentir femenina desde la piel hacia afuera.

La emoción es trepidante, cuando estas desnuda y vulnerable, lista para embarcarte en la aventura de transformarte en tu ser femenino. Vas al cajón de la ropa íntima y al abrirlo, un arcoíris multicolor te asalta, los materiales, los estilos y las sensaciones son sobrecogedoras, piensas muy bien que chica quieres ser. ¿La chica sensual de la tanga roja? ¿La muñeca coqueta del cachetero fucsia? ¿La gatita del hilo verde brillante? ¿O la dama seductora del bikini color perla? Las posibilidades son tan infinitas como tu imaginación.

Es el primer paso, el primer fetiche que acerca a un chico a su lado femenino, las pantaletas robadas a mamá, el brassier mal puesto en la habitación o las medias que tientan asomadas en la gaveta. El ponerse esas primeras prendas te abren las puertas a un mundo que nunca pensó, todas comenzamos así, a todas nos seduce el encanto de la lingerie, ninguna con un alma femenina puede resistirse a su llamado.

Cuando comenzamos a crecer en nosotras mismas y nos atrevemos a adquirir nuestras primeras cositas, en el 99% de los casos, esas primeras compras son de lencería. Nos mata el miedo y los nervios, entrar a esa tienda es un paso atemorizante, el comenzar a revisar entre los anaqueles y aparadores, se nos acerca una vendedora y usamos las típicas mentiras de “son para mi esposa”, “es para un regalo” o “quiero algo sexy para que ella se lo ponga para mí”. Pero una vez adentro, lo que nos interesa es comprar algo y llevarle ese regalo a nuestra chica interior. Esa prenda es preciosa, porque es femenina, porque es intima, porque es nuestra.

¡Hasta irse a dormir es una experiencia sensoria indescriptible cuando se hace en lingerie! Irse a la cama en un negligé, un babydoll o un romántico teddy, lo cambia todo. Te sientes sensual, femenina, coqueta, divina y no te querrás dormir, solo por disfrutar la sensación.

La lencería te permite seducirte a ti misma y si estas con alguien más, seducirl@ también. Es la última barrera entre el mundo y tu desnudes, pero también es la primera conexión entre tú y tu femineidad, con ella puedes ser ángel o demonio, loba o cordero, seductora o seducida, ama o esclava.

La maravilla de los encajes y las sedas, el satén y las transparencias, los corsets, los ligueros, brassieres, panties, camisolas y ropa de dormir, es algo reservado para el alma femenina que lo sabrá disfrutar, apreciar y vivir al máximo.

Con lingerie, eres femenina desde la piel.

Entrada #15: Me he llamado Lujuria

Srta Shar - Entrada 15

Aunque ese no es mi nombre, me he llamado Lujuria más de una vez.

Me encanta provocar pasiones, me encanta apasionarme, me encanta que la pasión me consuma. El deseo visceral por algo o alguien es una de las razones por las que vivo, el gusto orgánico por placeres de cualquier tipo, por la comida, el sexo, la música, las artes, la gente, la compañía, la vida; son motivos más que suficientes para vivir una existencia que valga la pena.

Esta pasión por la vida y por cada cosa que la vida trae, nos recuerda que no sólo somos pasajeros, somos protagonistas y que cada cosa que somos es especial. En nuestro caso señoritas, que si nos gana lo femenino, que si preferimos que nos traten de “ella”, que si dormimos mejor en babydoll o si algunos días de la semana no queremos ver a nadie porque tenemos cosas más “importantes” qué hacer con nosotras mismas, pues que son esas cosas, las que con más pasión deberíamos vivir.

Ya a solas, con ese alguien especial que nos disfruta como somos, o con nosotras mismas como amantes, nuestro placer y desenfreno nos pertenece a nosotras y a con quien nosotras queramos compartir. Sentir que nos quitan la ropa, o casi toda, pues yo por mi parte me apego al dicho travesti que una vez escuche, “una travesti de verdad, nunca está completamente desnuda”, así que al menos mis tacones y brillo de labios llevo, y normalmente hasta más. Sentir que nos acarician y nos llaman por nuestros nombres femeninos –aunque sean nuestras propias manos que nos toquen y nuestras propias voces que nos llamen-,  saber cómo nos llena el orgasmo y como nos sobrecoge el deseo, morir un poquito para luego revivir en esa brumosa sensación de pechos agitados y labios y ojos entreabiertos, si esos no son síntomas de lujuria, entonces no se que son.

Dar vueltas en el lecho, o el baño, o la alfombra, o el sofá, o donde nos agarre el placer; pasarse horas vistiéndose para perder las ropas en una apuesta que no queremos ganar, emocionarse sabiendo lo que vendrá, pero saboreando los momentos antes que llegue, ese es el combustible de mis fantasías, de mis momentos a solas, de mi carne y mi espíritu.

La lujuria no es sólo sexo, pero es tratar como si fuera sexo a todo lo demás. Es sentir pasión y deseo por cada cosa que haces y cada emoción que te llena, es entregarse con los ojos bien abiertos a sentir.

Por eso, me he llamado Lujuria más de una vez, y firmo ese nombre como si fuera mío.

Entrada #14: Pequeños placeres

Srta Shar 14

Disfrutar de las pequeñas cosas es lo que hace maravilloso el día a día.

La sensación cremosa de labial sobre tus labios cubriéndolos de tu color favorito, la tirantez de los tacones que tensan tus piernas y cambian tu postura, lo divino de cruzar las piernas cubiertas por medias, el sedoso cabello largo sobre los hombros, el cascabeleo de los zarcillos, pulseras y collares; pequeños detalles, pequeñas victorias y fugaces momentos que valen oro para una travesti, para todas las travestis, especialmente las de closet que le robamos minutos al reloj para disfrutar nuestra femineidad.

Nuestros rituales son mágicos y nuestras aventuras tan peligrosas y excitantes como saltar al vacío, nuestras escapadas tan atrevidas como las del ladrón que rompe leyes, y somos adictas a esta femineidad que nos consume.

Salir y tan sólo mirar vidrieras es una emoción indescriptible, fijarnos en la ropa que usan las mujeres a nuestro alrededor un placer inconfesable, entrar en territorios prohibidos, como una tienda de ropa íntima o dejarnos llevar por nuestros pasos a la sección de damas de un almacén sólo para estar rodeadas de aquellos hermosos vestidos y faldas, es como traspasar líneas enemigas queriendo desertar a una nueva patria. La emoción de ser travestis, crossdressers, feminofilas, como nos quieran llamar, es nuestra droga y nuestro deporte extremo.

Todas queremos tener el chance de reunirnos con otras chicas como nosotras, y admiramos a aquellas que lo han logrado. Las que damos esos pasos, queremos más, porque la femineidad es un animal hambriento, una hembra feroz que mientras más le das más desea, y para nosotras es un placer ceder a sus deseos.

El olor del delicado perfume en nuestra nuca y muñecas, las horas de máxima concentración aplicando el maquillaje, cuidando cada detalle para sentirnos bellas, deseables, sensuales. El roce de la suave tela del vestido al subir por las piernas o lo definitivo de la cremallera cuando termina de subir, encerrándonos en ese maravilloso capullo de femineidad que nos abraza sutil pero implacablemente. Las decenas, no, cientos, que miles de fotos que guardaremos celosamente del ojo público pero que son nuestra posesión más preciada, porque son la prueba, de que al menos por unos minutos, pudimos dar rienda suelta a nuestra otra realidad, a nuestra alma de fémina.

Cada mínima pieza de ese divino engranaje, cada olor, cada textura, cada imagen y cada sensación se reúnen para dar vida a nuestro otro yo, a nuestro lado más dulce y mujeril, permitirle la existencia a la otra mujer en nuestras vidas, nosotras mismas.

Cada día, envueltas en femineidad, se hace de pequeños placeres.

Entrada #11: La ropa hace al hombre, y a la mujer…

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La ropa que hace a la chica como el color a la flor.

Tengo una teoría, una bastante triste si eres chico. Si la ropa creciera con la persona, un hombre solo necesitaría un traje durante toda su vida para cada ocasión especial, bautizo, comunión, graduaciones, matrimonio, entrevistas de trabajo, fiestas importantes, jubilación y funeral; a todas podría asistir usando el mismo traje.

Imagínense entonces a una mujer y las decenas, o cientos de atuendos que usa durante su vida para cada ocasión que vale como importante, su bautizo, su primera comunión, sus 15 años (mi favorito), graduación, matrimonio, etc. Sería ridículo pensar que usaría lo mismo cada vez.

Aprendí viendo a las mujeres a mi alrededor que una se viste para la ocasión y el momento, que es un divino rompecabezas el elegir el “outfit” perfecto, que indique que mujer quieres ser en ese momento, que mensaje quieres transmitir y que efecto deseas causar.

Es una de las razones por las que amo mi femineidad, me da opciones que nunca habría experimentado, y para nosotras es lo hermoso de vestirse de mujer, no quiero ropa para hombres que parezca femenina, quiero ropa de mujer, ropa que cualquier mujer pudo haber usado, quiero montarme en sus tacones y mirar al mundo desde su altura, cubrir mi espalda con su seda y maquillar mi rostro para decirle al mundo, “¡Mírenme, esta soy yo!”.

Es que sólo abrir el cajón de la ropa intima es una aventura. ¡No me hagan comenzar con la ropa intima! Es un tema al que le dedicaré mi próxima entrega, toda dedicada al placer del encaje, las transparencias y esas delicias que tocan tu piel desnuda.

A la final, la ropa es una armadura, una forma de expresión, una extensión de quien somos por dentro y un aviso muy claro de cómo queremos ser vistas. Es divertido y muy interesante explorarse a una misma a través de cómo se ve.

Hoy inténtalo, ponte algo que nunca pensaste podrías usar, juega con tu guardarropas, explora tu propia personalidad, diviértete con lo que te pondrás. Sé como una niña que descubre su propia femineidad en el closet de su mamá.

Al final, tú eliges que flor quieres ser y de qué color quieres que te vean.